Ricardo Ávila

Las ciudades responden

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
octubre 04 de 2012
2012-10-04 01:25 a.m.
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Cuando alguien mira lo sucedido en América Latina a lo largo de los últimos años, múltiples cambios saltan a la vista.

No solo la región ha llegado a los 600 millones de habitantes, sino que sus tasas de natalidad, alfabetismo o escolaridad son muy diferentes a las observadas en 1960, y evidencian un progreso constante.

Pero quizás la diferencia más grande de todas –la misma que tiene que ver con los avances mencio- nados– es la concentración de la población en pueblos y ciudades.

Y es que, hoy por hoy, tres de cada cuatro latinoamericanos viven en centros urbanos, una proporción que es la más alta del mundo. Mientras en India o China todavía ocurren procesos de migración interna masivos, por cuenta de las oportunidades que hay en materia de empleo, en este lado del planeta la mayoría de ese fenómeno ya se dio.

La expresión más conocida del mismo son las megalópolis regionales. São Paulo y Ciudad de México se encuentran entre las diez áreas más populosas del planeta, pero en la lista tampoco se pueden olvidar Buenos Aires, Bogotá o Lima, para citar unas pocas capitales.

Aunque las urbes mencionadas concentran el poder económico de sus respectivos países, y en la mayoría de los casos el político, las cifras más recientes muestran que las tasas de crecimiento ya no son las mismas de antes.

En contraste, la transformación se está dando en los municipios de tamaño intermedio, aquellos que concentran entre 100.000 y dos millones de habitantes, y de los cuales hay unos 500 en la región.

Las razones de que eso sea así son varias, pero en general tienen que ver con un proceso de descentralización, que tiene sus raíces en la revolución de las telecomunicaciones y en el paulatino avance de la infraestructura. Puesto de otra manera, la brecha de acceso a ciertos servicios que antes existía entre ciudades grandes e intermedias se ha ido cerrando.

Como si lo anterior fuera poco, el costo de la finca raíz es comparativamente menor en las segundas, mientras que no se dan los mismos problemas de inseguridad, transporte y aglomeración que hay en las primeras.

Esas razones no solo atraen a más inmigrantes, sino a empresas dedicadas a la manufactura o los servicios, lo cual crea una expansión de los mercados locales y, por ende, oportunidades de progreso.

El problema es que si ese ciclo no se maneja bien, pueden cometerse los mismos errores del pasado. Una inadecuada planeación perpetuará los cinturones de miseria, la falta de movilidad o la cobertura inadecuada de los servicios públicos.

Y aunque algunos de esos inconvenientes existen ya en las urbes de tamaño medio a lo largo y ancho del hemisferio, todavía es posible corregir el curso.

Ese llamado de atención debe ser escuchado en Colombia, que, junto con Brasil, tiene la mejor distribución espacial de sus habitantes en América Latina.

Por cuenta de la fortaleza de las regiones, el país cuenta con ciudades de buen tamaño, tanto en los Andes como en los Llanos, el Caribe, el Pacífico o las fronteras con Venezuela y Ecuador.

Es indudable que muchos de esos municipios necesitan acompañamiento, con el fin de pensar con mentalidad de largo plazo.

Por eso, resulta tan importante la iniciativa de ciudades sostenibles que lanzó el BID hace año y medio, y que, de la mano de Findeter, cuenta en el país con cuatro inscritos: Barranquilla. Bucaramanga, Manizales y Pereira.

Son estas las capitales que han comenzado un ejercicio que ojalá incluya a muchas más.

El propósito no es otro que el de trazar una hoja de ruta que permita desarrollar sectores competitivos, atender necesidades y establecer un plan de inversiones adecuado. Si se hace bien ese trabajo, se evitarán dolores de cabeza futuros que plagan a metrópolis como Bogotá.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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