Ricardo Ávila

Competitividad regional

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 03 de 2014
2014-10-03 02:22 a.m.
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Los índices de competitividad se han convertido en un referente de uso general para evaluar la posición relativa de los países en materia de instituciones, políticas y otros factores que determinan el nivel de productividad, y tratar de tomar medidas para mejorarla. Es sabido que en el escalafón mundial, Colombia ocupa un mediocre puesto 69 entre 148 naciones y que se ha mantenido alrededor de ese nivel por una década, a pesar de las buenas intenciones del Gobierno y el sector privado.

Es menos conocido que existen índices que miden la competitividad de las regiones en los países, los cuales también deberían ser usados para adoptar políticas que reduzcan las diferencias entre estas. En Colombia, se cuenta con dos indicadores: el Índice Departamental de Competitividad (IDC), que empezó a calcular el año pasado el Consejo Privado de Competitividad, y el Escalafón de la Competitividad de los Departamentos (ECD), que produce la oficina de la Cepal desde el 2000.

Los dos índices utilizan metodologías similares que evalúan factores como las finanzas públicas, las instituciones, la infraestructura, el tamaño y eficiencia del mercado, el capital humano, la educación, la salud y la innovación y la dinámica empresarial. Los resultados son similares, aunque se dan algunas disparidades que no dejan de sorprender.

En ambas clasificaciones, los tres primeros lugares los ocupan Bogotá, Antioquia y Santander. El Valle del Cauca es el cuarto en el ranking de la Cepal, pero cae al séptimo lugar en el IDC, porque en esta medición les asignan una calificación muy baja a factores como infraestructura, instituciones y educación básica y media. Lo contrario pasa con Caldas, que está de cuarto en el IDC, pero desciende al séptimo puesto en el EDC por la debilidad relativa de sus finanzas públicas y las condiciones de seguridad.

La Cepal mide a todos los departamentos y encuentra que los coleros de la clasificación son La Guajira, Amazonas, Putumayo, Chocó y Guaviare; de estos, el IDC, que únicamente cuenta con información de 22 departamentos, solo incluye a La Guajira, que ocupa el último lugar de su clasificación.

Más allá de las posiciones relativas, se debe destacar –y tener en cuenta, porque es alarmante– la enorme diferencia que hay entre los puntajes obtenidos por los distintos departamentos, la cual refleja las grandes desigualdades que existen entre las regiones colombianas. Antioquia, el segundo de la lista, solo obtiene, en promedio, el 75 por ciento de la calificación de Bogotá, y los cinco siguientes solo alcanzan entre el 60 y el 68 por ciento del puntaje del líder.

Con los más rezagados la distancia es astronómica: Guaviare solo alcanza 18,6 puntos frente a 100 de Bogotá, y los otros cuatro coleros, entre 19 y 27 puntos. La Guajira obtiene alrededor del 30 por ciento del puntaje de Bogotá en ambas calificaciones.

Los factores en los cuales son más notorias las diferencias son los relacionados con innovación, ciencia y tecnología. La calificación de Antioquia es el 57 por ciento de la de Bogotá; la de Santander, el 44 por ciento, y la del Valle, el 40 por ciento; los ocho últimos departamentos no alcanzan el 20 por ciento y otros 12 están entre el 20 y el 25 por ciento. Es el resultado de la ubicación geográfica de las mejores universidades del país, pero también de las empresas de mayor nivel tecnológico y la constelación de servicios que se desarrollan en su entorno.

Hace unas décadas no existían mediciones de la competitividad regional, pero era notorio que Colombia era un país de regiones con niveles de desarrollo similares y que no tenía la macrocefalia de la mayoría de los países latinoamericanos, donde la capital concentraba una alta proporción de la población y el producto nacional. Esa realidad se ha ido modificando y, como lo muestran los índices, la distancia entre Bogotá y las demás regiones es cada día más grande.

La cadena siempre se rompe por el eslabón más débil y la competitividad de un país no se mide por la de sus regiones más adelantadas y sofisticadas, sino que se deteriora por el lastre que representan las más atrasadas. Por eso, para mejorar en los escalafones mundiales en esta materia es imperativo reducir las diferencias regionales.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 


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