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Ricardo Ávila
Editorial

Con la economía no se juega

Como en el cuento de García Márquez, hay muchos en Colombia que dicen que "algo muy grave va a suceder en este pueblo".

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 05 de 2017
2017-03-05 09:01 p.m.
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Hay afirmaciones que a punta de repetirse acaban siendo ciertas. Los expertos en comunicaciones saben que lo que importa es lo que la gente crea. Como en el cuento de Gabriel García Márquez, llamado “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, aquello que se conoce como las expectativas son determinantes para el futuro.

La reflexión es válida a raíz de la ola de pesimismo que invade a los colombianos. Tal como lo mostró el Gallup Poll la semana pasada, los ciudadanos en las cinco metrópolis más grandes del país consideran que las cosas están empeorando. Semanas antes, Fedesarrollo reveló que la confianza de los consumidores en enero llegó al punto más bajo desde cuando se comenzó a construir el índice a comienzos de siglo.

Apuntarle a acabar la confianza
en la economía, con tal de lograr réditos políticos, puede llevar a ese mismo resultado.

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Las razones son conocidas: el destape de los sobornos de Odebrecht ha minado la fe en las instituciones y en los líderes políticos; la reforma tributaria golpeó los bolsillos de los consumidores; el proceso de paz con las Farc ocasiona dudas entre una opinión que se encuentra dividida en dos mitades; el Gobierno es impopular y sus mensajes no son veraces para la ciudadanía.

Como si lo anterior fuera poco, la economía atraviesa una etapa de desaceleración innegable. Los comerciantes se quejan de que el ritmo de las ventas es ahora más lento, mientras los industriales hablan de que la dinámica de los pedidos es mala. El cobro de cartera es difícil y las cuentas demoran en ser pagadas, lo cual crea un círculo vicioso.

A lo anterior hay que agregar los mensajes de quienes tienen la mira puesta en las elecciones del 2018. La promesa de un cambio lleva incluso a los amigos de la administración Santos a decir que las cosas están regular, para no hablar del escenario apocalíptico que describe la oposición. Más de un visitante venido de otras tierras comenta que hay una enorme distancia entre las cifras que le entregan y el panorama de debacle que pintan los colombianos.

Aunque siempre los contradictores de un Gobierno determinado desconocen los logros y enfatizan los errores, todo indica que mirar las cosas con un lente particularmente oscuro se ha vuelto la norma y no la excepción. El problema de esa actitud es que deprime la demanda interna, pues la propensión a hacer inversiones productivas o realizar gastos es menor en tiempos de incertidumbre.

Los ejemplos sobre verdades a medias abundan. De un tiempo para acá se ha vuelto común escuchar que el desempleo en Colombia es el segundo más alto de América Latina después de Brasil, olvidando que nuestros índices de desocupación tradicionalmente han superado, con creces, el promedio regional y en numerosas ocasiones hemos sido los últimos de la tabla. La manera en que se caracteriza la inflación, las exportaciones o las actividades productivas, usualmente desconoce la evolución de las cifras y, en más de una oportunidad, es francamente falaz.

Mientras ello sucede, el Gobierno se defiende muy mal, o cae en la tentación de querer maquillar la realidad, con lo cual logra el efecto opuesto al que busca, que es el de infundir optimismo. Aunque asisten a las convocatorias que hace la Casa de Nariño, los empresarios se quejan de eventos como ‘Colombia repunta’, en los que abundan las palmaditas entre los funcionarios, y las proyecciones que desafían la inteligencia de quienes saben sumar, como sucede con los más de 700.000 empleos a crearse en los próximos meses.

Por tal motivo, unos y otros, deben serenarse. Jugar a destruir la confianza en la economía con tal de lograr réditos políticos, puede llevar a ese resultado. Inflar las buenas noticias es contraproducente, dado el clima de crispación actual. De seguir como vamos, el epílogo puede ser igual al de la señora que comienza el rumor en la historia del Nobel de Literatura y al ver que el pánico cunde, concluye: “yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca”.

Ricardo Ávila Pinto 
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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