Ricardo Ávila
Editorial

Con la guardia abajo

A medida que se acerca la posesión de Donald Trump, es cada vez más claro que comienza a escribirse un capítulo distinto.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 18 de 2016
2016-12-18 10:10 p.m.
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Falta un mes largo para que llegue el 20 de enero y Donald Trump tome juramento como el presidente número 45 en la historia de Estados Unidos. Tras su sorpresiva elección a comienzos de noviembre, los observadores han tratado de vislumbrar cómo será el mandato de alguien que rompió todos los cánones preestablecidos en su objetivo de llegar a la Casa Blanca.

A medida que avanza el calendario, el contorno de la próxima administración empieza a definirse. Sin duda, la pista más clara proviene de los nombramientos hechos, en los cuales se destacan numerosos millonarios y militares, cuyo rasgo en común es que se trata de hombres de raza blanca. El espacio para la diversidad es poco, como también la experiencia en cargos gubernamentales.

No hay duda de que la intención de la nueva administración es comenzar pisando duro. En tal sentido, se han anunciado un torrente de órdenes ejecutivas que tienen la categoría de decretos, las cuales tocarán buena parte de los logros más destacados de Barack Obama, como la negociación de la Alianza Transpacífico –TPP por sus siglas en inglés–, o la reforma al sistema de salud, cuyos días están contados.

Adicionalmente, el Congreso recibirá una serie de propuestas legislativas que deberían salir adelante sin mucha dificultad. A fin de cuentas, el Partido Republicano cuenta con una cómoda mayoría en ambas cámaras y todo indica que los roces que aparecieron durante la campaña quedaron atrás, pues al establecimiento no le quedó otra opción que acomodarse con el ganador.

Lo ideal es que la región pueda reaccionar en bloque en contra de las amenazas, pero la falta de liderazgo es enorme.

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El gabinete que llega muestra toda la disposición de volver realidad una parte importante de los compromisos hechos en su momento por el candidato Trump. Así pasa en el campo de la economía, en el cual se anticipan cambios profundos que tendrán impacto en el planeta, pues los vasos comunicantes de la globalización hacen imposible aislar sus efectos.

De tal manera, la expectativa es grande en torno a la reforma que viene en materia de impuestos y que plantea reducir de manera radical la carga que hoy asumen empresas y personas, la cual podría bajar hasta en 20 puntos porcentuales. El secretario del Tesoro entrante, Steven Mnuchin, ha señalado que esta es su prioridad, aunque los técnicos dicen que va a ser difícil que las cuentas le cuadren. Parte de la rebaja sería financiada con la eliminación de exenciones y parte con lo que genere un aumento en la actividad interna, por cuenta de un ambicioso plan de desarrollo de infraestructura.

No menos clave es la política comercial que busca presionar al sector privado para que deje de ‘exportar’ puestos de trabajo a otras naciones e invierta dentro de las fronteras estadounidenses. En más de un caso se intentará la persuasión directa, pero no se descartan medidas de corte proteccionista, como subir los aranceles de un plumazo y ser más incisivos en atacar supuestos casos de competencia desleal.

El riesgo es que los consumidores paguen la cuenta a través de mayores precios en el supermercado, algo que golpearía sobre todo a los de menores recursos. Saber dónde apretar y de qué manera es mucho más difícil de lo que se cree, especialmente porque pueden venir retaliaciones en los países que se sientan afectados por decisiones unilaterales.

A lo anterior hay que agregarle la incertidumbre en torno al dólar y las cotizaciones de bienes primarios como el petróleo. Aunque es imposible hacer predicciones, lo que sí es seguro es que el capítulo que se va a comenzar a escribir es muy diferente al de estos años.

Entender la nueva realidad y prepararse es obligatorio para América Latina y especialmente para Colombia. Lo ideal es que la región pueda reaccionar en bloque en contra de las amenazas, pero el vacío de liderazgo es de tal magnitud que cada uno tendrá que defenderse por sí solo. Y lo peor que puede suceder es esperar lo que viene con la guardia abajo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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