Ricardo Ávila
Editorial

Con sabor agridulce

Colombia volvió a mejorar en el Índice de Desarrollo que elabora el PNUD, pero la desigualdad es nuestra peor mancha.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 21 de 2017
2017-03-21 08:47 p.m.
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A primera vista, es fácil ser pesimista sobre el estado de un mundo en el que abundan los problemas. Hambrunas, desplazamiento forzoso, violencia, intolerancia religiosa y terrorismo forman parte de las noticias diarias, debido a lo cual es difícil mantener el ánimo arriba con respecto a la marcha del planeta.

Sin embargo, vale la pena hacer el esfuerzo de reconocer los avances, junto con las dificultades. Eso es lo que viene de reportar el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), que ayer entregó la versión reciente del informe sobre el Desarrollo Humano, un trabajo que elabora cada año, con el fin de pasarle revista a la realidad global.

En contra de lo que podría creerse, hay mejoras notables. En el cuarto de siglo comprendido entre 1990 y 2015, la población terrícola pasó de 5.300 a 7.300 millones de personas, pero en el mismo lapso más de mil millones salieron de la pobreza extrema, 2.100 millones de individuos consiguieron acceso a redes de saneamiento y 2.600 millones al agua potable.

Por otra parte, la tasa de mortalidad en niños menores de cinco años se redujo a la mitad en el mismo periodo, y enfermedades como malaria, tuberculosis o el VIH/Sida disminuyeron su incidencia desde el comienzo del siglo. Cuando se miran asuntos como la igualdad de género, o la deforestación de zonas boscosas, aparecen luces de esperanza, así aún los desafíos sean inmensos.

'En lo que atañe a la región, somos superados por las naciones de tamaño igual o superior y por todos nuestros vecinos'

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La otra cara de la moneda son los retos que persisten: uno de cada nueve habitantes del globo sufre de hambre, y la tercera parte es víctima de malnutrición. Unas 18.000 personas mueren diariamente debido a la contaminación atmosférica, y 24 cada minuto son desplazadas a la fuerza de sus hogares.

Además, la torta está mal distribuida. El 1 por ciento de la población mundial posee el 46 por ciento de la riqueza, algo que afecta el bienestar en múltiples sociedades y especialmente la posibilidad de darles la mano a grupos marginados, incluyendo a las minorías étnicas.

En medio de esa realidad, es obligatorio compararse. Con ese fin, el Pnud construyó el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que está compuesto de tres dimensiones: la esperanza de vida al nacer, la escolaridad, y el ingreso nacional bruto por habitante, con un valor que oscila entre cero y uno como mínimo y máximo teórico. Para agregarle un filtro adicional, la entidad ajusta el valor del indicador en función de la magnitud de la desigualdad, aparte de tablas con énfasis en temas de género, o en pobreza multidimensional.

Dentro de esa clasificación, el balance de Colombia es agridulce. Como positivo es necesario destacar que el país ha avanzado, pues el valor del IDH, que en 1990 llegó a 0,592, para el 2015 se ubicó en 0,727. Así, pasamos de estar por debajo del promedio mundial a superarlo ligeramente, aunque estamos rezagados frente a la norma latinoamericana.

En lo que atañe a la región, somos superados por las naciones de tamaño igual o superior y por todos los vecinos. En la tabla global, ocupamos el puesto 95, lejos de Chile que es el mejor del área y está en el lugar 38.

Hemos mejorado mucho en lo que corresponde a esperanza de vida al nacer (74,2 años), pero todavía la violencia nos pesa, pues la cifra para las mujeres es superior en siete años a la de los hombres. A la vez, el tiempo promedio de escolaridad es bajo (7,6 años), un elemento que influye en que no escalemos más posiciones.

Pero quizás, lo más inquietante de la radiografía que nos hacen es que desmejoramos, de forma sustancial, cuando nuestros números se pasan por el tamiz de la desigualdad. Para citar un caso, Noruega, que tiene el IDH más elevado del planeta (0,949), pierde 5 por ciento de la nota recibida cuando se mira la repartición del ingreso, pero Colombia cae 25 por ciento y desciende nueve lugares en el escalafón. Por eso, es imposible vanagloriarse sobre cómo vamos.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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