Ricardo Ávila

Un conejo en el sombrero

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 20 de 2013
2013-04-20 10:09 p.m.
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Fue Nicolás Maduro, quien hizo una pausa en su discurso de posesión el viernes pasado en Caracas, para despedir a quien ahora es su homólogo.

El nuevo mandatario venezolano explicó que Juan Manuel Santos tenía que salir antes de que terminara el acto, por cuenta del compromiso que tenía ese día en Cartagena, en el Congreso Nacional de Municipios.

El haber roto el protocolo deja en claro la importancia que le daba la Casa de Nariño a estar en un evento que congregó a centenares de alcaldes y en el cual se encontraban presentes varios integrantes del gabinete.

En otras ocasiones, cuando surgen motivos de fuerza mayor, se envía un mensaje o se delega a un ministro para hacer llegar el mensaje del Ejecutivo.

Pero no se trataba de una cita cualquiera. Santos quería ponerle la cara a una audiencia con la que no ha tenido las mejores relaciones.

Y es que no solo los burgomaestres se quejan –como ha sido tradicional– del centralismo, sino sienten que han perdido autonomía por decisiones tales como el nuevo régimen de regalías.

Si bien un número más amplio de poblaciones tiene acceso a esos recursos, los que perdieron participación en la torta sintieron el golpe de manera inmediata, mientras los que ahora tienen derecho a presentar proyectos opinan que el proceso es tan complicado, que los fondos no van a llegar nunca.

Esa es la semilla que ha generado manifestaciones de descontento, un clima que ha sido aprovechado por Gilberto Toro, el director de la Federación Colombiana de Municipios, para agitar el cotarro.

Este, como anfitrión del encuentro, sostuvo en sus palabras, que el único interés del gremio que encabeza es “contribuir con la justicia, la paz y la prosperidad de nuestra nación”.

Sin embargo, una vez aclarado el fin, el polémico dirigente pasó a hablar de los medios. En su exposición incluyó temas como salud, agua potable, vías terciarias, regalías, reelección inmediata o ampliación del periodo de los alcaldes.

Ninguno de esos planteamientos resultó sorpresivo. En cambio, lo que sí llamó la atención de los observadores fue lo dicho por Santos, quien –aparte de sonar conciliador– hizo promesas que fueron mucho más allá de lo que el auditorio esperaba.

Aparte de responder a las inquietudes sobre infraestructura o seguridad social, se refirió a dos temas puntuales.

De tal manera, en el caso de las regalías se comprometió con una serie de decisiones que desmontan en parte los controles que se quisieron introducir con la reforma constitucional de hace un par de años. Nadie duda que el nuevo sistema ha tenido problemas de aplicación, pero con apenas 11 meses de vigencia es muy temprano para debilitarlo, sobre todo cuando se tienen en cuenta los episodios de corrupción que demeritaron el esquema previo.

No obstante, el plato fuerte tuvo que ver con el anuncio de que el Presidente apoya la prolongación a seis años del periodo para alcaldes y gobernadores. Y no solo eso. Ofreció que si se presenta a la reelección aceptaría que su mandato fuera por dos años apenas.

Sacar semejante conejo del sombrero es desconcertante, sobre todo en alguien que defiende los propósitos del Buen Gobierno.

Un cambio de ese tenor no solo tiene que examinarse con cabeza fría, sino que el país sabe de los errores garrafales que se cometen cuando se quiere legislar en causa propia. Por tal motivo, solo queda esperar que la mesa de la Unidad Nacional a la que se le va a presentar la idea, tenga algo de sensatez y la archive.

Es posible, claro, que Santos solo hubiera querido congraciarse con su audiencia. Pero para eso le bastaba con el anuncio que hizo de apoyar una bonificación de un sueldo y medio para los alcaldes.

Aunque debatible, ese premio injustificado y oneroso le sale más barato al país que modificar las reglas del juego en la mitad del partido.

  1. Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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