Ricardo Ávila

La copa de la vida

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 06 de 2014
2014-07-06 09:27 p.m.
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Los hinchas más fervorosos seguirán discutiendo las jugadas más polémicas y hablando durante meses de lo que pudo ser y no fue. Pero para la mayoría de los colombianos, la salida de la Selección Nacional de fútbol del Mundial de Brasil significa el final de un sueño y el regreso a la realidad. El calendario tiene su parte, pues en la medida en que el torneo entra en su semana definitiva, con apenas los últimos cuatro partidos pendientes de disputarse, termina ese aletargamiento que ocurre cada cuatro años para muchos.

Arranca, entonces, la época de los balances que, en el caso de Colombia, dejan un saldo muy positivo en el campo deportivo. Sin lugar a dudas, el onceno tricolor fue una de las revelaciones de una Copa que sintió el viento refrescante de equipos que hicieron mucho más de lo que se esperaba, comprobando que las brechas que antes existían entre las potencias del balompié y los demás, se han reducido más que nunca.

En el campo económico, las cosas son menos claras. Es evidente que sectores que en el país hicieron apuestas importantes vieron sus esfuerzos recompensados. En esa categoría se incluyen no solo los patrocinadores oficiales de la selección, que se beneficiaron de la visibilidad de sus respectivas marcas.

También los almacenes que vieron aumentar sus ventas de televisores, como las firmas que los hacen, se cuentan entre los triunfadores, al igual que Adidas, por cuenta de la masificación de las camisetas amarilla y roja.

No dicen lo mismo los dueños de bares y restaurantes, que pagaron los platos rotos de los desmanes que dejaron un lamentable saldo después de cada victoria del combinado patrio. La determinación de las autoridades de imponer la ley seca en varias de las capitales -comenzando por Bogotá-, generó una baja sustancial en la cantidad de clientes.

Aun así, hay un elemento que no solo tiene implicaciones de corto plazo, sino que puede ser muy importante. Este es el aumento en la confianza de los consumidores, según se desprende de un par de encuestas aparecidas recientemente. Una mejor disposición hacia el país y una percepción más sólida sobre la situación de la economía alimentarían un círculo virtuoso, expresado en una mayor demanda interna. Si se tiene en cuenta que este factor fue uno de los que más ayudó al buen comportamiento del Producto Interno Bruto durante el primer trimestre del 2014, su trascendencia no es poca.

Pero los efectos intangibles no se acaban ahí. La ‘vitrina’ que tuvo Colombia a nivel global bien podría calificarse de única. Por cuenta de la calidad del juego mostrado en Brasil, el referente que hay sobre nuestra realidad es otro. Es verdad que el cambio en imagen viene desde hace unos años, pero ahora recibió un impulso descomunal que les servirá como carta de presentación a aquellos que quieran abrir nuevos mercados o atraer inversiones.

Tampoco hay que caer en excesos, pues el juego de la vida es más complicado y dura más que el que se ve en un campo de fútbol. Sería ilusorio, entonces, pretender que las puertas que han estado cerradas se nos van a abrir de un momento a otro o que las dificultades que enfrentamos se van a solucionar solas.

No obstante, hay más oportunidades disponibles, que dependen de nuestra capacidad de aprovecharlas y, sobre todo, de comenzar con una larga lista de tareas pendientes, con el propósito de romper los cuellos de botella que afectan nuestra competitividad o aminorar las desigualdades que nos hacen una de las sociedades más inequitativas del planeta.

Para lograrlo, no hay más remedio que trabajar en equipo, aprovechando la fortaleza que nace de ser un país diverso y entendiendo que la internacionalización, que fue determinante para la calidad de nuestros futbolistas, también es la clave para ser más prósperos, tal como fue demostrado en Brasil por estos días.

 

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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