Ricardo Ávila

El costo que más importa

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 03 de 2013
2013-05-03 04:11 a.m.
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Desde hace algunos meses, el Banco Interamericano de Desarrollo ha venido popularizando un término que debería formar parte del léxico de los economistas. Se trata del ‘costo país’, una expresión que hace referencia al esfuerzo adicional que las empresas tienen que hacer para asumir las ineficiencias que existen en una nación. Por cuenta de rigideces, que incluyen normas inadecuadas, al igual que cuellos de botella en logística o infraestructura, el sector privado paga un sobreprecio que en numerosas ocasiones hace imposible competir.

Bajo ese punto de vista, el concepto es muy útil. En la medida en que un buen análisis permita identificar los factores que influyen para hacer los procesos más caros, las autoridades pueden tomar decisiones para abaratarlos. Si las cosas se hacen bien, un Estado puede avanzar en competitividad y productividad, lo cual se traducirá en tasas más altas de crecimiento y mayor progreso.

Hecha esa descripción general, no es fácil construir una herramienta para determinar el costo país. En tal sentido, apenas se comienzan a dar los primeros pasos para identificar el problema, con base en comparaciones entre naciones.

Puesto de otra manera, no se trata de encontrar un valor absoluto, sino de mirar quién lo hace mejor y quién no.

Dicho ejercicio está a punto de comenzar con la colaboración del BID, tomando a Colombia como caso piloto. Así lo reveló esta semana el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, quien se encuentra detrás de la iniciativa. Es de esperar que en los próximos meses se empiece a desarrollar una metodología que puede ser muy apropiada al hacer asignaciones presupuestales o diseñar estrategias puntuales.

La necesidad de avanzar en ese campo es innegable. La apreciación del peso les ha complicado la vida a muchos sectores, pero, sobre todo, ha demostrado que diversas actividades son más onerosas en Colombia que en otros lugares de América Latina.

Dicha impresión es corroborada por múltiples personas, que van desde el viajero ocasional hasta el inversionista que se encuentra en busca de oportunidades y evalúa en dónde puede instalar una fábrica. Tal circunstancia es la que ayuda a entender por qué puede ser difícil aprovechar plenamente las oportunidades que nos brindan los tratados de libre comercio o cuál es el motivo para que algunos empresarios prefieran importar bienes, en lugar de producirlos localmente.

Como es usual en estos casos, la explicación no es una sola. De hecho, los estudios que se hagan identificarán temas conocidos, que van desde la inadecuada red vial hasta el precio de la energía eléctrica, pasando por lo que vale la mano de obra y los inconvenientes que nacen de un aparato judicial que no funciona bien. No obstante, considerar esos elementos de manera integral debería servir para determinar en dónde están los problemas más grandes y cómo solucionarlos, tomando experiencias exitosas de otras partes.

Cuando ese ejercicio se haga, servirá para estudiarlo a la luz de nuestras ventajas comparativas. Más allá de las dificultades conocidas, es indudable que Colombia tiene elementos a su favor, como recursos naturales abundantes, una posición geográfica envidiable que incluye puertos en dos océanos, al igual que un mercado interno de buen tamaño que ocupa -por habitantes- el tercer lugar en la región.

Contar con un instrumento de ese estilo es clave para conseguir el objetivo de tener una base productiva diversificada. En momentos en que sectores de la agricultura o la industria enfrentan dificultades, vale la pena ponerle manos a la obra y establecer la manera en que el país puede bajar sus costos, desenredando un entuerto aquí y aplicando el sentido común allá. Si esa labor se hace bien, será posible crear un círculo virtuoso de mayor competitividad. Pero hay que comenzar cuanto antes con un experimento piloto que promete mucho.

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