Ricardo Ávila

Crimen y castigo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
marzo 02 de 2015
2015-03-02 01:53 a.m.
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Fue el novelista Tom Wolfe, quien en su novela “La hoguera de las vanidades” acuñó en 1987 el término “amos del universo” para describir a los ejecutivos de Wall Street, que creían que sus ingresos millonarios y su dominio del mundo de las finanzas, les permitían crear sus propias normas y burlarse de las regulaciones. Guardadas proporciones, la versión colombiana de esos personajes de ficción se encuentra en los directivos y ejecutivos de InterBolsa y el Fondo Premium, que están comprobando en carne propia aquel adagio que afirma que la justicia cojea, pero llega.

No de otra manera puede calificarse lo sucedido la semana pasada, cuando un juez de control de garantías cobijó con medida de aseguramiento a seis personas vinculadas con ambas entidades, incluyendo a Tomás Jaramillo y Juan Carlos Ortiz, socios de Premium. Aunque el proceso está lejos de terminar y se esperan más imputaciones, es indudable que el círculo se estrecha más sobre los causantes de una debacle, que dejó inmensas pérdidas y una buena cantidad de damnificados.

Mientras las cosas siguen su curso, es posible afirmar que se ha adelantado una labor muy importante por parte de las autoridades. En primer lugar, se ha podido esclarecer lo que pasó, incluyendo los abusos cometidos contra inversionistas de buena fe y el uso de determinados vehículos financieros para beneficiar a unos pocos. Igual de destacable es que se han identificado los responsables, mediante una paciente labor de reconstrucción del rompecabezas, con lo cual varios de ellos han aceptado la inculpación en delitos como estafa agravada, concierto para delinquir y manipulación fraudulenta de especies en el registro nacional de valores.

El avance en el campo penal también es un hito. Aparte de que los involucrados reciban su castigo, el mensaje que se envía hacia afuera es clave. No hay duda de que cualquier individuo que haya pensado en transgredir las reglas de juego establecidas por la ley lo pensará dos veces antes de hacerlo. Ello contribuirá a la profesionalización del mercado de valores colombiano y a la adopción de estándares más estrictos, redundando en la confianza del público.

Por otra parte, lo hecho por la Fiscalía en este asunto servirá para desmontar los alegatos que se han construido por parte de varios implicados. Suena increíble, pero hay demandas en curso en contra del Estado, interpuestas por aquellos que se encuentran tras las rejas, quienes demuestran que aquí también los pájaros quieren tirarles a las escopetas. Sin embargo, esos argumentos se vuelven deleznables a la luz de las investigaciones adelantadas.

Aun así, queda la parte más compleja de todas, como es la de devolverles los dineros a quienes fueron víctimas de los esquemas tramposos que se pusieron en marcha, tanto en InterBolsa como en Premium. La impresión de quienes han seguido de cerca el tema es que resultará difícil la plena restitución de los dineros perdidos, en parte porque puede haber existido un ocultamiento de fortunas y en parte porque varias de las apuestas hechas dejaron saldos en rojo.

Por tal motivo, es obligación de las autoridades perseverar en la identificación de más recursos, para lo cual se podría hacer uso de los convenios de intercambio de información suscritos por Colombia con varias naciones. En forma paralela, las ofertas de colaboración de los detenidos tienen que ajustarse en su definición a una efectiva voluntad de devolución de activos.

Mientras eso ocurre, queda claro que en esta oportunidad no ha habido intocables. Es cierto que el nuestro es un país con altos niveles de impunidad, pero hasta hace poco nadie esperaba ver con las esposas puestas a personas que construyeron un Olimpo del cual parecía muy difícil bajar. Y ahora lo que es incuestionable es que los “amos del universo” a la colombiana experimentarán aquello de que tras el crimen, sigue el castigo.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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