Ricardo Ávila
Editorial

Cualquier parecido...

Ya que no aprendimos de los errores del ‘Brexit’, el Gobierno debe entender ahora que cruzarse de brazos no es una opción.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 03 de 2016
2016-10-03 10:10 p.m.
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Cuando en junio los votantes del Reino Unido sorprendieron al mundo con su decisión de abandonar la Unión Europea, no faltaron quienes en Colombia se preguntaron si aquí podría suceder lo mismo con el plebiscito. A juzgar por los resultados de la jornada del domingo, es evidente que los llamados a no cometer los errores de la administración de David Cameron fueron ignorados por los promotores del ‘Sí’. Ahora, estos parecen reaccionar con el mismo desconcierto de quien ocupaba en ese entonces la residencia localizada en el número 10 de Downing Street, en pleno corazón de Londres.

Encontrar las similitudes entre uno y otro proceso es fácil. En ambos casos, acudir a las urnas era innecesario, pues allá la consulta se hizo para poner en cintura a los rebeldes del Partido Conservador, mientras que por estos lares la refrendación popular era una manera de callarle la boca a la oposición, dejando en segundo plano que el Presidente de la República está facultado para firmar un acuerdo de paz. Además, las encuestas en los dos lados del Atlántico mostraban que el Gobierno saldría avante en su apuesta, y que el margen de triunfo sería relativamente holgado.

Ya que no aprendimos de los errores del ‘Brexit’, el Gobierno debe entender ahora que cruzarse de brazos no es una opción.

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El desenlace también tuvo similitudes. Los escrutinios se definieron por una estrecha diferencia y mostraron una ciudadanía profundamente dividida, dependiendo de la geografía. Los electores en Gales y Escocia se fueron por caminos opuestos a mediados de año, tanto como los de Antioquia y la Costa Caribe el 2 de octubre.

Ante los parecidos, es válido preguntarse si los capítulos que vienen contarán una historia similar a la vista en tierras británicas, en donde no solo Theresa May sustituyó a un Cameron caído en desgracia, sino que señaló que el ‘Brexit’ no tiene reversa. “No, es no”, señaló en su momento. De hecho, el anuncio de que la ruta de la secesión empezará a ser recorrida antes de finalizar marzo del 2017, condujo este lunes a la libra esterlina muy cerca de su punto más bajo en 31 años.

Lo anterior es el resultado de la incertidumbre que espanta a los inversionistas. Propios y extraños reconocen que los tiempos que vienen no serán fáciles para la economía británica, pues la posibilidad de que quede aislada del continente europeo ha llevado a más de una empresa a mover operaciones y congelar planes de expansión. Si la separación no es amistosa, existe el riesgo de que Londres deje de ser el centro financiero global que garantiza la prosperidad de la metrópoli.

Guardadas proporciones, en Colombia también puede suceder algo grave si la administración Santos no sale de la crisis de gobernabilidad en que está. A diferencia de lo que sucede en los regímenes parlamentarios, en donde el cambio de líder de un partido permite recuperar algo de aire, en los presidenciales esa no es una buena opción. El vacío de poder alcanzaría tal magnitud que el remedio sería peor que la enfermedad.

En los actuales momentos, resulta clave preservar la credibilidad de la política econó- mica y la capacidad de iniciativa.

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Por lo tanto, es obligación de la Casa de Nariño retomar la iniciativa. Para comenzar está la incógnita del proceso de paz, pues más allá de los pronunciamientos hechos por el Ejecutivo, la oposición y las Farc, la única salida favorable es encontrar la manera de cortar el nudo gordiano. Ello requiere avanzar en los puentes tendidos con el uribismo para explorar opciones, aparte de buscar el apoyo de la comunidad global para que el cese de las hostilidades continúe.

No menos importante es preservar la credibilidad de la política económica. El sacudón de los mercados ayer fue lo suficientemente notorio para dejar en claro que archivar la idea de la reforma tributaria ocasionaría sismos que golpearían la economía y la calidad de vida de los ciudadanos de a pie. La idea es impopular, pero más impopular sería una recesión que dispare el nivel de la tasa de cambio, afecte a los consumidores y destruya miles de empleos. Ya que no aprendimos de los errores del ‘Brexit’, hay que entender ahora que cruzarse de brazos no es una opción.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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