Ricardo Ávila

Cuentas por pagar

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 08 de 2015
2015-04-08 03:28 a.m.
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Aquella máxima según la cual ‘la historia se repite’ está siendo reeditada por quienes se dedican a tomarle el pulso al mundo de las finanzas internacionales. El motivo es el fortalecimiento del dólar contra la mayoría de las monedas que existen en el planeta, con lo cual las acreencias en la divisa norteamericana se han encarecido significativamente para los gobiernos o empresas que tomaron créditos por fuera.

Contra lo que pudiera pensarse, la preocupación más grande no tiene que ver con la deuda pública, sino con la privada. Un documento reciente del Bank for International Settlements afirma que las obligaciones globales en dólares, a clientes ubicados fuera de Estados Unidos y sin contar al sector financiero, ascienden a cerca de 9 billones de dólares, mientras que las denominadas en euros y yenes equivalen a 2,5 y 600.000 millones de dólares, respectivamente.

Dicha suma no solo es 50 por ciento más alta que en los albores de la crisis del 2008, sino que ha sido entregada de forma mayoritaria por instituciones o inversionistas que no están en territorio estadounidense. No hay, entonces, un marco regulatorio uniforme en caso de que estallen problemas o que evite que la información disponible sea fragmentaria.

Por otra parte, hay países en donde las empresas han utilizado profusamente el mecanismo de emitir bonos o contratar préstamos, atraídos por tasas de interés relativamente bajas y por el largo periodo de debilidad del dólar. Por ejemplo, las compañías brasileñas deben 300.000 millones de dólares, mientras las de India llegan a 125.000 millones y las de China a 1,1 billones.

El problema es que parte de esas sumas se han usado para proyectos en monedas locales. Un caso típico es el de Turquía, en donde tuvo lugar un auge en la finca raíz que llevó al desarrollo de múltiples iniciativas inmobiliarias, algunas de las cuales han encontrado problemas para cumplir con los cronogramas de pago de intereses o capital. La razón fue la depreciación de la lira turca, que encontró desprotegido a más de uno.

En América Latina puede comenzar a pasar lo mismo. No en vano la región acuñó, en el pasado, términos como ‘efecto tequila’ y ‘efecto tango’ para describir apretones que se originaron en México y Argentina en distintos momentos y que le pasaron una onerosa cuenta al sector privado respectivo. Es verdad que por ahora no ha pasado nada grave, pero el apretón cambiario apenas comienza y junto con la baja en las cotizaciones de las materias primas las perspectivas de la región se han oscurecido.

Aunque en principio Colombia está en otra categoría, debería tomar nota de los peligros. De acuerdo con datos del Banco de la República, el saldo de la deuda privada al cierre de diciembre pasado ascendió a 41.567 millones de dólares, de los cuales una tercera parte estaba en obligaciones de corto plazo. El monto mencionado no solo parece manejable en cuantía, sino que la mayoría de los vencimientos está a años de distancia.

Aun así, es bueno recordar que el peso ha perdido 29 por ciento contra el dólar en los últimos 12 meses. La devaluación no solo hace más costosos los intereses, sino el capital.

Al respecto, hay partes de tranquilidad. Un análisis reciente de la firma Fitch, que consideró a 70 compañías, indicó que el riesgo de no pago de acreencias es bajo y que en comparación con Brasil o Chile estamos mucho mejor. Por otro lado, el mercado local de bonos es sano, pues las emisiones en el primer trimestre llegaron a 3 billones de pesos, seis veces más que en igual lapso del 2014.

No obstante, hay peligros latentes. Una devaluación más alta o incumplimientos eventuales en los pagos de alguna empresa latinoamericana importante nos pueden golpear. Debido a ello, hay que extremar las precauciones, porque de lo contrario quien se endeudó en dólares puede acabar comprobando, en carne propia, que ‘lo barato, sale caro’.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 

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