Ricardo Ávila

Sí, pero con cuidado

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 06 de 2011
2011-12-06 02:08 a.m.
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El panorama del comercio exterior colombiano cambió radicalmente en la última década.

Las exportaciones han crecido más de 200 por ciento en ese lapso, en parte gracias a la suscripción de tratados de libre comercio con varios países y grupos de naciones, entre los que se destacan Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá.

Si a finales del siglo pasado casi el 75 por ciento de nuestras ventas externas tenían como destino tres países –Estados Unidos, Venezuela y Ecuador–, hoy se han diversificado a los cinco continentes.

Hemos aprendido la lección de no tener dependencias marcadas, que luego, por realidades políticas ajenas al país, van en contra de los negocios de los empresarios nacionales.

Pero no se trata de abrir nuestras fronteras comerciales a todos y a cualquier costo. Primero deben consultarse y protegerse los intereses de nuestros productores y exportadores, y las negociaciones de los TLC deben tener la paciencia que la defensa de estos intereses estratégicos requiere.

Ayer informamos del freno en las negociaciones de los tratados que actualmente Colombia tiene con Corea del Sur y Turquía.

Está bien que esto suceda si se trata de defender el acceso de nuestros productos agropecuarios a estas naciones a cambio de que entren al país bienes industriales de esos territorios.

La tarea de negociar bien –llegando a consensos internos antes de hacer ofertas a la contraparte– ya la hicimos con Estados Unidos y la Unión Europea. No se trata de escenarios perfectos para nuestros sectores productivos y exportadores, pero fue un esfuerzo acertado por lograr acuerdos justos y aceptables para ambas partes.

Ese terreno ganado como país no lo podemos perder ante Turquía y Corea del Sur.

Si de parte de ellos no existe audiencia para que nuestros sectores estratégicos tengan la apertura que requieren en esos mercados o la mínima protección a las manufacturas o productos industriales en nuestra propia economía, mejor repensar esas negociaciones y el contexto de las mismas. Debemos garantizar que los acuerdos sean realmente positivos para el empleo, la modernización y competitividad del país, y para los consumidores colombianos.

Hay, además, con estos países un elemento distinto respecto de otros acuerdos de libre comercio: se trata de economías donde la competencia directa con productos colombianos es mayor que en el caso, por ejemplo, de Estados Unidos, Canadá o la Unión Europea.

Este factor, por supuesto, hace más complejas las negociaciones, porque cada país busca la protección de sus propios sectores y el acceso de otros. En estos casos, el marco de las negociaciones no es tanto entre economías complementarias, como sucede con Estados Unidos, sino más entre mercados con más nivel de competencia.

Pero estos convenios también ponen presente un tema que es prioritario y en el cual hay enormes vacíos: la llamada Agenda Interna, que se refiere a las políticas y obras de infraestructura que Colombia debe tener para que nuestros sectores productivos resistan de mejor manera la llegada de nuevos competidores al mercado nacional.

Y el balance de esta tarea, como lo presentó un estudio del Consejo Privado de Competitividad, es insuficiente.

En política industrial y agropecuaria, y en infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria es mucho lo que hace falta.

Los negociadores colombianos de estos tratados deben tener presente, entonces, que bienvenidas estas pausas en las conversaciones, si se trata de defender los intereses nacionales.

Hoy Colombia es un país en ascenso dentro de América Latina. Tenemos una economía creciendo por encima del promedio regional y buen flujo de inversión extranjera año tras año. Esto nos da una posición de fortaleza y tranquilidad.

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