Ricardo Ávila

A cumplir los objetivos

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 25 de 2015
2015-09-25 03:48 a.m.
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Incluso para Nueva York, una ciudad acostumbrada a ver pasar por sus calles a quienes mueven los hilos en el planeta, el evento de hoy es especial. Según las cuentas extraoficiales, el número de presidentes y primeros ministros que se reunirán en la sede de las Naciones Unidas no tiene precedentes. Desde el papa Francisco, hasta los mandatarios de Estados Unidos y China estarán presentes, así como muchos de sus homólogos, incluyendo al colombiano Juan Manuel Santos.

El motivo central es conmemorar el aniversario número 70 de la entidad multilateral, pero a través de un legado: la adopción formal de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), conocidos también como los Objetivos Globales. Este es un compendio de 17 propósitos generales y 169 metas más precisas que la humanidad en pleno aspira alcanzar para el 2030.

Semejante compendio de buenas intenciones tiene un antecedente. Poco después de terminar el siglo XX, los Estados congregados en la ONU se comprometieron con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que eran ocho: erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; combatir el HIV y la malaria, entre otras enfermedades; asegurar la sostenibilidad ambiental; disminuir la mortalidad de los niños menores de cinco años; mejorar la salud materna; impulsar la equidad de género, y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

Contra lo que pudieran pensar los escépticos, los avances conseguidos fueron impresionantes. Quizás lo más significativo fue sacar de la pobreza a más de mil millones de personas, gracias a un largo periodo de auge de la economía internacional, del cual se beneficiaron especialmente las poblaciones de China e India. América Latina, por su parte, también tuvo cosas para mostrar en esa y otras materias.

Ante el éxito comprobado y cuantificable, que supera con creces las promesas vagas y las palabras comunes que son típicas del lenguaje diplomático, tomó fuerza la idea de renovar los votos de mejoría colectiva. La diferencia en esta oportunidad es que se elimina el sesgo previo en el cual parecía que los más ricos les habían puesto muchas tareas a los más pobres, pero pocas a sí mismos.

En consecuencia, hay mayor equilibrio esta vez en las asignaturas. Eso está bien, pero los críticos señalan que aquí se puede aplicar el conocido refrán según el cual ‘el que mucho abarca, poco aprieta’. Puesto de otra manera, por querer cubrir todos los temas, se corre el peligro de dispersarse, y más todavía en medio de una coyuntura difícil, pues el crecimiento mundial ya no es el de antes.

La lista en esta oportunidad comienza con el fin de la pobreza extrema, sigue con eliminar el hambre y le da paso a impulsar la salud y el bienestar. A renglón seguido se encuentra la educación de calidad, la igualdad de género, el agua limpia y la energía asequible y no contaminante. Un tercer grupo está compuesto por el trabajo decente, la infraestructura y la reducción de las desigualdades.

Así mismo, los ODS hablan de ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables, acción por el clima, vida submarina y vida de ecosistemas terrestres. Dos temas adicionales son paz, justicia e instituciones sólidas y alianzas para conseguir los objetivos expuestos.

Como queda claro, los enunciados son bien ambiciosos. Falta, en la mayoría de los casos, traducirlos a metas concretas, que todavía son materia de negociación y que deberían estar listas en marzo del 2016.

Más difuso aún es el asunto del dinero. Por ejemplo, se calcula que eliminar la miseria vale unos 65.000 millones de dólares anuales, que deberán ser puestos sobre todo de manera individual, pues las ayudas de los que más tienen se han visto recortadas en tiempos recientes.

Esa falta de compromiso lleva a que muchos pongan en duda la factibilidad de un avance real. Sin embargo, aun reconociendo los obstáculos, establecer hitos es importante tanto en el ámbito individual como colectivo. Por eso estos objetivos valen la pena. Ahora lo que procede es cumplirlos.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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