De cal y de arena, Editorial Portafolio 23 de marzo de 2017 | Editorial | Opinión | Portafolio
Ricardo Ávila
Editorial

De cal y de arena

El informe del Dane sobre la pobreza no constituye el desas- tre que pregonan los críticos, ni la maravilla de la que habla el Gobierno.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 22 de 2017
2017-03-22 09:01 p.m.
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Que el año pasado no fue bueno para la economía colombiana es algo que propios y extraños reconocen desde hace meses. La combinación de un fuerte frenazo en el ritmo de la actividad productiva, con el alza en los precios de los alimentos, debido al fenómeno climático de ‘El Niño’, auguraba una desmejora en algunos indicadores sociales.

La principal preocupación en las filas gubernamentales radicaba en un empeoramiento en los índices de pobreza que vienen cayendo desde comienzos del siglo y que se habían reducido con más ahínco a lo largo de la presente administración. Quienes conocen a Juan Manuel Santos afirman que este logro le da un orgullo particular, por lo cual el mandatario estaba pendiente del reporte del Dane al respecto.

El veredicto de la entidad dejó en claro que unas son de cal y otras de arena. De acuerdo con la medición tradicional, la pobreza experimentó un ligero aumento –del 27,8 por ciento en el 2015 al 28 el año pasado– que acaba con la seguidilla de descensos de antes. En cambio, cuando se usa el concepto de pobreza multidimensional, el cual es de más reciente aplicación e involucra una quincena de parámetros, el veredicto es favorable, pues la cifra se ubicó en 17,8 por ciento, dos puntos y medio menos que en el periodo precedente.

A cuál creerle más, forma parte de una discusión interminable que normalmente tiene lugar en los círculos técnicos. Sin embargo, en medio de la polarización actual, la política también intervino, pues mientras los opositores del Gobierno se fijaron en la cifra mala, la Casa de Nariño destacó la buena con bombos y platillos y subrayó que había cumplido la meta del cuatrienio antes de tiempo.

'Un avance sustancial, como la caída en el índice de desigualdad, quedó relegado
en segundo plano'

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Por tal motivo, lo que procede en estos casos es mirar los datos con cabeza fría y tratar de entender lo sucedido. En lo que atañe a la pobreza monetaria, el aumento en el valor de la comida hizo que las líneas de corte subieran más que el salario mínimo. Así, el promedio de ingresos mensuales para una familia de cuatro personas a nivel nacional quedó en 966.692 pesos, un nivel superior en 8,1 por ciento al del 2015.

La vara creció todavía más –12,3 por ciento– al momento de calcular la pobreza extrema, que se concentra en las necesidades alimentarias de una persona. Ese es el motivo por el cual la incidencia de la miseria aumentó, sobre todo en las áreas urbanas en donde la gente no cultiva al menos parte de lo que consume.

En cambio, cuando el lente es más amplio –como sucede con el enfoque multidimensional– la foto es más benévola. Factores como el acceso a la salud, el logro educativo o el menor hacinamiento en los hogares explican buena parte del avance conseguido. Lo anterior no desconoce que la duración del desempleo acabó siendo un elemento en contra, pues la debilidad del mercado laboral es notoria.

Curiosamente, un avance sustancial quedó relevado en segundo plano. La desigualdad de ingresos que se obtiene del coeficiente de Gini, volvió a disminuir, lo cual es importante cuando se tiene en cuenta que, de acuerdo con la ONU, ocupamos el octavo lugar entre las sociedades más inequitativas del mundo.

En conclusión, el informe del Dane no constituye el desastre que pregonan los críticos del Gobierno, ni la maravilla de la que habla la Casa de Nariño. Lo correcto en estos casos es mirar las dos caras de la moneda y aceptar que desaceleración y ritmo inflacionario impactaron los ingresos de los hogares en el 2016.

No obstante, seguimos por debajo del promedio latinoamericano, que es del 29,2 por ciento, en lo que respecta a pobreza monetaria. El retroceso experimentado en este campo se compensa en el criterio multidimensional, al tiempo que lo ocurrido con la desigualdad es importante. Ahora, el objetivo debería ser evitar más deterioros, sobre todo cuando la velocidad de la economía es baja y el desempleo amenaza con aumentar.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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