Ricardo Ávila
Editorial

De mal en peor

La producción de petróleo en el país cae de forma más acelerada de lo que se pensaba, y ese
es un nuevo motivo de inquietud.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 25 de 2016
2016-07-25 08:56 p.m.
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Incluso para quienes se encontraban en el terreno de los pesimistas, el dato sobre la producción de petróleo en junio sorprendió por malo. De acuerdo con las estadísticas oficiales, el bombeo el mes pasado ascendió apenas a 888.000 barriles diarios, 16.000 menos que en mayo.

Tal como están las cosas, más de uno ve improbable que se cumpla la meta oficial de 921.000 barriles diarios como promedio del año. Sobra decir que parece imposible superar el récord histórico de 1’035.000 barriles alcanzado en enero del 2015, y que la tendencia hacia la declinación parece imparable. De seguir las cosas así, la pérdida de la autosuficiencia sería inevitable a comienzos de la próxima década.

Semejante perspectiva no es nada alentadora para la economía colombiana. Más allá de la descolgada en los precios internacionales de los hidrocarburos, el sector contribuye todavía con la mitad de las exportaciones. Una balanza comercial negativa en materia energética haría aún más complejo el manejo del desequilibrio externo, que es un verdadero talón de Aquiles para el país.

Lamentablemente, las perspectivas son oscuras. Una mirada a diferentes datos comprueba que la crisis empezó a gestarse hace un buen tiempo, incluso cuando las cotizaciones del crudo eran atractivas. Desde entonces, la declinación se ha acentuado, pero la semilla ya estaba sembrada.

"La producción de petróleo en el país cae de forma más acelerada de lo que se pensaba, y ese es un nuevo motivo de inquietud".

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Un caso elocuente es el de la sísmica, que sirve para determinar las áreas que tienen posibilidades de ser productivas. De los 20.000 kilómetros adelantados en territorio continental en el 2010, se cayó a 6.300 en el 2013, y a 2.200 el año pasado. Peor aún es que en este no se ha hecho un solo milímetro, y nada apunta a que la situación cambie.

De manera paralela, los pozos de exploración que alcanzaron un máximo de 131 en el 2012, apenas sumaron ocho en el primer semestre, sin contar uno que se encuentra en perforación. En un negocio en el cual la máxima inexorable es que el que busca encuentra, también se aplica lo opuesto: si no se busca acaba uno ‘bebiéndose’ las reservas existentes.

Es verdad que la tecnología permite usar técnicas para sacarle más petróleo a los yacimientos de siempre. Sin embargo, de los 1.019 pozos de desarrollo perforados en el 2012, vamos en 40 en el 2016, de los 450 programados. Uno de los motivos es que la inversión este año será una de las más bajas de tiempos recientes, y en el mejor de los casos llegaría a 3.200 millones de dólares, 2.000 millones menos que en el 2014.

Todo lo anterior pinta un panorama inquietante. La pregunta es si hay alguna posibilidad de revertir la tendencia, algo sobre lo cual los analistas tienen dos puntos centrales.

"Hay que reaccionar más allá de
que la decisión sea la de depender menos de las actividades de extracción primaria".

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El primero es que las condiciones del negocio necesitan mejorar. Para decirlo con claridad, niveles del crudo cercanos a los 60 dólares el barril harían rentable la extracción de unos 100.000 barriles adicionales, que no es una suma menor.

No menos importante es el requisito de que las condiciones locales mejoren. Voceros del sector afirman que la conflictividad social ha hecho mucho más difíciles las operaciones y le ha restado competitividad al país. Y si las cosas no avanzan en este terreno, no habrá mucho que hacer, sobre todo cuando en otras naciones están mejorando las reglas del juego.

Los conocedores señalan que es clave mejorar el sentimiento de pertenencia, perdido con ocasión de la reforma de las regalías. Mientras la gente de las zonas productoras no considere que deriva beneficios de tener hidrocarburos en su territorio, impulsar los proyectos será un reto importante.

En consecuencia, hay que reaccionar. Ayer el Consejo de Ministros examinó medidas para depender menos de las actividades primarias. Y aunque eso está bien, tampoco hay que desechar desde ya a la gallina que puso en el pasado los huevos de oro y que todavía tendría cómo cacarear más.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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