Ricardo Ávila
Editorial

De regular a malo

El 2017 comenzará en medio de un ambiente pesado que actuará como un lastre sobre la economía.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
diciembre 20 de 2016
2016-12-20 07:23 p.m.
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Nadie pensaba que el 2016 iba a ser un año fácil. Desde que cayeron las primeras hojas del calendario que ahora está a punto de acabarse, era claro que la economía colombiana tendría el viento en contra por cuenta de factores externos e internos, tales como los precios del petróleo o el recorte en la inversión pública.

Aun así, los cálculos de la mayoría de los analistas hablaban de un crecimiento cercano al 3 por ciento, un guarismo muy similar al observado en el 2015. De hecho, durante el primer semestre casi se consigue el objetivo, por lo cual se multiplicaron las esperanzas de que en la parte final del almanaque llegara un segundo aire.

Semejante anhelo no se cumplió. Tal como están las cosas, el aumento en el Producto Interno Bruto podría ser del 1,7 por ciento este año, un número similar al del 2009 cuando el país sintió el coletazo de la crisis financiera internacional. Alcanzar el 2 por ciento del que hablan la Cepal o el Banco de la República, sería, a estas alturas del partido, una buena noticia.

Entender por qué tuvo lugar un frenazo más fuerte que el esperado es algo que desvela a los especialistas. Muchos coinciden en que el paro de transportadores que tuvo lugar durante junio y julio acabó siendo un punto de inflexión, pues ni el ritmo previo de la producción ni el de las ventas se pudo recuperar. Una mirada a los gráficos que reflejan la realidad de la industria y el comercio comprueba que su desempeño pasó de castaño a oscuro.

Algunos consideran que la inflación tiene su cuota de responsabilidad en lo sucedido, pues el alza en la canasta familiar llegó a ser del 9 por ciento anual hace cuatro meses. La carestía afectó el poder adquisitivo de los hogares, y si bien cayó en cerca de tres puntos porcentuales desde entonces, el daño ya estaba hecho. Para colmo de males, las mayores tasas de interés golpearon con dureza a los usuarios del crédito, que quedaron en una especie de tenaza de la cual era muy difícil liberarse.

Otros culpan al clima político de la pobre evolución del consumo. La polarización en torno al proceso de paz con las Farc oscureció la percepción que los ciudadanos tienen del país, por lo cual se impuso la cautela. En momento en que nada parece estar claro, la actitud obvia es posponer decisiones de inversión o compras importantes, tanto por parte de las empresas como de las personas.

El deterioro del ambiente internacional tampoco ayudó, al igual que el anuncio de que sería presentada una reforma tributaria al Congreso. Cuando la iniciativa se radicó en el Capitolio a mediados de octubre, las expectativas caían en barrena.

Mientras todo lo anterior sucedía, la poca credibilidad del Gobierno contribuyó al negativismo de la ciudadanía. Varias decisiones importantes acabaron supeditadas al término de las negociaciones de La Habana, con el fin de no antagonizar a la opinión. Y tras los resultados del plebiscito del 2 de octubre, se abrió un nuevo espacio de incertidumbre que nunca se resolvió del todo, y aún sigue.

A lo anterior se agregó la percepción de un Ejecutivo descuadernado, en el que los miembros del gabinete actuaron como rueda suelta y el vicepresidente tenía agenda propia. Los colombianos, que ya sentían a Juan Manuel Santos alejado de los temas del día a día, corroboraron esa opinión cuando el mandatario convirtió su viaje a recibir el Nobel de la Paz en una gira europea, justo en momentos en que se decidían asuntos cruciales en Bogotá.

Por todo lo anterior, el 2017 comenzará en medio de un ambiente pesado que actuará como un lastre sobre la economía. Darle la vuelta a la situación y tomar las decisiones adecuadas para que el panorama comience a mejorar exigirá dedicación y liderazgo. De lo contrario, habrá que recordar aquel adagio según el cual ‘toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar’.

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