Ricardo Ávila

A defender la esperanza

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
agosto 20 de 2015
2015-08-20 04:24 a.m.
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El diccionario de la Real Academia define confianza como “esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. Dicha descripción sirve para entender el significado del sondeo que dio a conocer este miércoles Fedesarrollo, según el cual la actitud de los colombianos hacia la situación del país experimentó un importante deterioro en julio. Para utilizar la conocida expresión, el vaso que se veía medio lleno antes, ahora aparece como medio vacío.

Así se infiere del Índice de Confianza del Consumidor que elabora la entidad mencionada. Si bien el indicador se mantiene en terreno positivo, la caída al comenzar el segundo semestre del 2015 fue bien notoria, lo cual hace pensar que los vientos fríos que soplan en contra de la economía han calado en el ánimo de los ciudadanos.

Los motivos del deterioro son varios. La encuesta que se aplica mensualmente sale de cinco preguntas que tienen que ver con el presente y el futuro. Aunque se trata de opiniones que no están relacionadas directamente con decisiones de gasto inmediatas o futuras, se ha demostrado que tales impresiones son útiles para pronosticar la evolución de la demanda interna. Ciertos gastos se pueden posponer o acelerar, dependiendo de si la opinión considera que el momento es propicio para tomar decisiones de compra importantes.

Y no se trata de un tema menor. De forma mayoritaria, la evolución del Producto Interno Bruto del país se encuentra determinada por este punto. Por eso es que vale la pena entender el retroceso observado.

Para comenzar, hay un fuerte deterioro en las expectativas relacionadas con la economía colombiana. En respuesta a los interrogantes sobre los próximos 12 meses, la gente considera que el panorama se ha oscurecido de forma notoria, y que lo que viene va a ser más duro.

Curiosamente, cuando la pregunta hace referencia a la situación en el hogar de cada entrevistado, el deterioro es mucho menos significativo. Puesto de otra manera, una cosa es la visión a nivel nacional y otra a título individual, ya que la segunda es mucho más optimista que la primera. Otras mediciones confirman que hay una especie de divorcio entre ambas perspectivas.

Aun así, la calificación sobre el presente es claramente más ácida que antes. No solo la proporción de personas que considera que este es un buen momento para comprar electrodomésticos, se desplomó, sino que más familias afirman que les está yendo peor que hace un año.

Semejante apreciación debería sonar como un campanazo de alerta. Sin duda, la elevada tasa de devaluación del peso influye sobre el ánimo de los consumidores, que se sienten empobrecidos, en términos relativos. La posibilidad de un viaje de vacaciones al exterior o de adquirir un bien importado es más lejana que antes, en la medida en que el dólar está 60 por ciento por encima de su nivel de hace un año.

No obstante, es deber de las autoridades demostrar que la economía mantiene varias de sus fortalezas, comenzando por la de generar empleo. Tal como se ha repetido hasta el cansancio, la nueva realidad cambiaria deja ganadores y perdedores. En el primer grupo se encuentran los fabricantes de bienes nacionales, que están expuestos a la competencia externa, o que hallan oportunidades en el mercado exportador.

Si bien la transición hacia una base productiva más amplia tiene complejidades y no es inmediata, la experiencia de otras épocas muestra que el balance para una economía como la colombiana, acaba siendo más positivo que negativo. Pero mientras empiezan a aparecer los frutos, la confianza es un elemento clave. Mantenerla, sin pretender negar verdades evidentes, es una obligación.

De lo contrario, tanto la demanda como la inversión privada se pueden ver afectadas. Debido a ello, hay que evitar a toda costa que se apague la llama de la esperanza.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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