Ricardo Ávila

No es solo la demanda

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 24 de 2013
2013-04-24 12:58 a.m.
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No es fácil entender lo que le ocurre al sector edificador en Colombia. Cuando se miran los datos relativos a los precios, es evidente que estos han llegado a máximos históricos, como lo prueban las estadísticas del Dane y lo sostiene el Banco de la República.

Bajo ese punto de vista, hay un apetito insatisfecho que debería traducirse en la existencia de más proyectos, particularmente en el campo de la vivienda, que representa cerca de tres cuartas partes del total.

Pero cuando el análisis tiene que ver con el ritmo de la actividad, el veredicto es diferente. Según Camacol, el ramo experimenta una contracción seria, si toman como base las cifras al cierre del primer bimestre del 2013.

Así, al combinar los reportes hechos por las 13 regionales que comprenden los principales centros urbanos del país, se encuentra que los lanzamientos de iniciativas han caído cerca de 26 por ciento, mientras que en lo que hace al arranque de nuevas obras el descenso es del 21 por ciento.

Por su parte, las ventas han disminuido en ‘apenas’ 4 por ciento, aunque eso no necesariamente es bueno, pues hace pensar que el inventario se está agotando.

Los números también muestran que el retroceso es más fuerte en el caso de la vivienda diferente a la de interés social, si bien esta está igualmente en rojo.

Sin embargo, lo que más salta a la vista es en dónde están los problemas, y es indudable que estos se encuentran en Bogotá, así en otras partes se enciendan luces amarillas. De tal manera, en la capital de la República el bajón en los lanzamientos a enero llega al 59 por ciento, mientras que el de las iniciaciones es del 52 por ciento.

A la luz de esa lectura, suena apenas justificable el esfuerzo del Gobierno nacional de darle un nuevo aire al ramo edificador. Así quedó demostrado la semana pasada cuando fue dado a conocer el plan de choque para impulsar la economía, más conocido como Pipe.

Y es que de los cerca de 5 billones de pesos identificados para impulsar las actividades productivas, 2,1 billones serán orientados a la construcción y financiación de vivienda.

La justificación es clara. No solo se trata de reducir el gran déficit habitacional que existe, sino de buscar que una locomotora que tiene incidencia sobre la generación de empleo y la industria, ande más rápido.

Para conseguirlo, se lanzó un programa que tiene como meta 86.000 unidades nuevas en diferentes poblaciones, que no serán regaladas como las 100.000 que ya están empezando a entregarse a igual número de familias pobres, pero que tendrán un subsidio elevado.

A lo anterior hay que agregar el impacto de una reducción apreciable en las tasas de interés y la adecuación de 14.000 viviendas más en zonas rurales.

Tales propósitos son encomiables, si bien requieren una buena dosis de trabajo para sacarlos adelante. No obstante, un asunto que resulta crítico es entender que hay restricciones a la oferta que necesitan ser encaradas, tanto para que los planes oficiales salgan adelante, como para que los constructores privados puedan atender una demanda insatisfecha que tiene mucho que ver con el incremento visto en los precios.

En concreto, lo más importante es que se rompa el cuello de botella de disponibilidad de tierra, que es el más importante de todos.

En algunos casos, el inconveniente está relacionado con falta de agilidad en los trámites, en tanto que en otros hay inconsistencias en los planes de ordenamiento territorial, como sucede en Bogotá.

Aparte de lo anterior, las deficiencias en el acceso a las redes de servicios públicos, las cargas urbanísticas y tributarias excesivas, y los vacíos en cuanto a trámites y normatividad ambiental, complican el panorama. Por tal motivo, no basta con tener recursos disponibles y una buena cantidad de compradores interesados, si las firmas constructoras no pueden hacer su trabajo. O mejor, si no las dejan.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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