Ricardo Ávila

Los detalles del Plan

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
mayo 07 de 2015
2015-05-07 04:01 a.m.
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La aprobación tuvo lugar en una verdadera carrera contrarreloj. Al filo de la medianoche del martes, poco antes de que sonaran las 12 campanadas y se venciera el plazo que fija la Constitución, el Senado de la República acabó aprobando la ley que soporta el Plan de Desarrollo de la administración Santos para el presente cuatrienio. La versión definitiva, conciliada con la que salió de la Cámara de Representantes, recibió luz verde este miércoles y ahora comienza el trabajo de analizar una iniciativa que tiene 267 artículos y toca una amplia variedad de temas.

Desde el punto de vista global, los cambios no son muchos en comparación con la versión original, que empezó a ser discutida en febrero. A fin de cuentas, el monto de 703,9 billones de pesos en inversiones es el mismo y los pilares más importantes de la iniciativa quedaron incólumes, sin desconocer que se vieron afectados por el clima de estrechez en las finanzas públicas. Estos comprenden un énfasis en la paz, la equidad y la educación a través de un compendio de estrategias que incluyen, además, un componente regional que no tenía antecedentes y que busca ayudar a que se cierren las brechas existentes.

No obstante, más allá de ese marco, aquí se puede aplicar el dicho que reza que ‘el diablo está en los detalles’. Y los detalles tienen que ver con el texto de una iniciativa extensa que modifica múltiples normas, en más de una oportunidad, de manera radical.

Para decirlo con franqueza, el Ejecutivo aprovecha la situación para equilibrar una serie de cargas e impulsar aquello que se conoce como una ley ómnibus en la que se llevan múltiples pasajeros, dejándoles, en ocasiones, unas cuantas sillas a los congresistas. Ello explica, en parte, que el proyecto final tuviera 64 artículos más que el inicial, sin contar todos los que se quedaron en el tintero.

El proceso no está exento de críticas. Más de un observador utiliza las expresiones ‘árbol de Navidad’ o ‘vara de premios’ a la hora de referirse a un procedimiento en el que se agrupan asuntos de la más diversa índole, muchas veces por debajo del radar de la opinión. En el pasado, eso ha llevado a la Corte Constitucional a declarar inexequible tal o cual acápite, pero ello no evita que más de un Ministro aproveche la oportunidad de despachar un punto, en lugar de exponerse al desgaste que significa presentar una propuesta individual.

Lamentablemente, el sistema se presta para que, en medio del río revuelto de las discusiones, los pescadores traten de hacer su agosto.

Esta vez, los encargados del cabildeo se vieron muy activos en los pasillos del Capitolio, buscando, en ocasiones, modificar un inciso aquí o cambiar una coma allá. Dado lo específico de ciertas intervenciones, es posible que aparezcan algunas sorpresas.

En un primer balance hecho, el Gobierno cree haber limitado los goles al máximo. Un caso típico es el del acápite que permite la llegada de un tercer canal de televisión abierta, que logró sobrevivir en la conciliación. Quizás el más notorio fue la prohibición de vender Isagen, impulsada por sectores del Partido Liberal, que habría complicado la planeada privatización de la empresa.

Por otra parte, fracasó la idea de bajar la cuota de pantalla, uno de los compromisos del TLC con Estados Unidos, que causó el rechazo de los actores nacionales. Ese fue uno de los reveses más notorios, aunque, al hacer las sumas y restas, la administración se declaró bien librada.

Ahora comienza una etapa diferente, que es la de poner en marcha todo lo autorizado. Capítulos como la reforma de las instituciones del sector agropecuario merecerán especial atención, pero, en general, el desafío es el mismo que han enfrentado todos los planes de desarrollo en Colombia, en cerca de medio siglo: que se cumpla lo que ha quedado escrito.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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