Ricardo Ávila

Detrás de los números

Las utilidades del sistema financiero llegaron en el 2012 a un nuevo récord, pero es mejor mirar las cifras por partes y no en conjunto.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 22 de 2013
2013-02-22 12:12 a.m.
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A comienzos de la semana, la Superintendencia Financiera dio a conocer los resultados obtenidos para el 2012 por las entidades que componen el sistema financiero colombiano. Al describir lo sucedido, la mayoría de los medios se concentró en que las utilidades combinadas de dichas instituciones ascendieron a 39,6 billones de pesos, lo que representa un incremento de más del 400 por ciento frente al ejercicio previo. En respuesta, no faltó quien se rasgara las vestiduras por las ganancias ‘extraordinarias’ obtenidas.

Sin embargo, tal como ocurre a veces, cuando se agrupan compañías de diversa índole, las cosas son distintas. La razón es que en el grupo se incluye un conjunto variopinto de empresas, con diferente objeto social. De tal manera, el mejor desempeño fue el de los fondos de pensiones, cuyo saldo en negro creció en casi 19 billones de pesos, pero en donde los verdaderos beneficiarios son los millones de colombianos que tienen allí colocado el dinero de su futura jubilación.

En este caso, la mejoría nació de la rápida valorización de las inversiones hechas, tanto por el alza en los precios de las acciones, como por lo sucedido con los títulos de deuda pública y privada, como es el caso de los TES. En la medida en que las tasas de interés de los bonos han venido disminuyendo, hay un espacio para rentabilidades que se reflejan en los balances. Esa misma circunstancia fue la que les ayudó a las compañías de seguros y a las sociedades fiduciarias y los fondos administrados, a tener un año fuera de serie.

Pero a la hora de examinar lo sucedido, vale la pena detenerse más en el transcurrir de los establecimientos de crédito, un conjunto de 67 firmas, de las cuales 23 son bancos. El ramo continuó el proceso de fortalecimiento visto desde que terminó la crisis de finales del siglo pasado, como lo prueba un aumento del 14 por ciento en los activos, que llegaron a cerca de 373 billones de pesos. A su vez, el patrimonio registró un incremento del 18 por ciento, mientras que el de la cartera fue del 15 por ciento, hasta 248 billones de pesos. En cambio, las utilidades tuvieron un avance más modesto, del 7 por ciento, ubicándose en 7,3 billones de pesos.

Tras esos números surgen elementos de análisis. El primero es que el ritmo de los préstamos se ha venido desacelerando. Si bien estos crecieron más de 12 por ciento en términos reales, esa cifra es inferior en más de cinco puntos a la del 2011. El segundo punto importante es que la cartera vencida subió cerca de 28 por ciento, descontada la inflación.
Por cuenta de la presión de las autoridades, hay un margen holgado de provisiones para cubrir ese deterioro y los índices distan de ser preocupantes, pero aun así hay que prestarles atención. Por ejemplo, la cartera vencida en el segmento de consumo subió 30 por ciento, debido a las modalidades de libre inversión, vehículos y tarjetas. Tampoco es bueno lo sucedido con el microcrédito, en el que las deudas malas subieron en casi 55 por ciento.

Una vez más hay que insistir e que ese deterioro no cambia la percepción de solidez de las entidades crediticias. No obstante, es una confirmación más de que la economía no tiene el mismo vigor que antes, pues pocos termómetros son tan efectivos sobre la coyuntura como el cumplimiento que tienen los usuarios de préstamos con sus obligaciones.

En medio de ese panorama que tiende a oscurecerse, hay dos elementos para celebrar. Uno es que la llamada profundización financiera sigue avanzando, al llegar a niveles sin precedentes. Otro es que las exigencias de la Superintendencia Financiera han sido las correctas, al preservar la salud del sistema. Y mientras eso sucede, suena aún más lógica la decisión de ciertos grupos colombianos de expandirse a otras latitudes, haciendo uso de la fortaleza ganada internamente, pero con el claro propósito de diversificar el riesgo de estar en un solo mercado.

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