Ricardo Ávila

Del dicho al hecho

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 16 de 2014
2014-04-16 03:30 a.m.
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Ayer se cumplió un año desde cuando la administración Santos le expidió su registro de nacimiento al Pipe. Ese es el acrónimo del Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo que el Gobierno creó, una vez que las señales disponibles sobre el comportamiento de la economía en el primer trimestre del 2013 mostraran una evolución inquietante.

Como es sabido, en los meses siguientes, el Producto Interno Bruto mostró tendencia al alza. A la luz de los resultados observados surge el dilema sobre si la recuperación se apoyó en la estrategia contracíclica mencionada o si tuvo primordialmente otras causas.

Al respecto, vale la pena recordar que el Pipe comprendía una serie de inversiones valoradas en 5 billones de pesos, concentradas en tres sectores: construcción, industria y agricultura. Dado el impacto de estos ramos en el mercado laboral y los encadenamientos entre unos y otros, la esperanza era que una semilla sembrada oportunamente sirviera para recoger varios frutos.

En consecuencia, el principal esfuerzo se concentró en la vivienda, a la que se le destinaron 2,1 billones de pesos. La mayoría de la suma –1,7 billones– estaba dirigida a financiar un nuevo programa de 100.000 casas para los más pobres –subsidiado, no gratuito– y el saldo se destinó a reducir la tasa de interés de los créditos hipotecarios, con el fin de dejarla en 7 por ciento, anual en el caso de 32.000 préstamos.

Adicionalmente, se decidió apoyar la actividad manufacturera con una reducción de aranceles cuyo costo fue estimado en 1,2 billones de pesos. La infraestructura vial también recibió su parte con 711.000 millones para el mantenimiento de seis carreteras, mientras que al campo se le asignó algo más de medio billón, con cerca de la mitad dirigido a financiar el censo agropecuario.

A lo anterior hay que agregar otros esfuerzos. Entre estos se incluyeron medidas anticontrabando, alivios tributarios y el propósito de elevar la tasa de cambio.

Transcurrido el tiempo, ha llegado la hora de las evaluaciones. Al respecto se debe reconocer que las cosas salieron bien, en el sentido de que la economía aceleró su ritmo y el desempleo siguió descendiendo de manera ininterrumpida hasta terminar el 2013 con el nivel más bajo en casi dos décadas.

No obstante, una cosa es la mejoría registrada y otra es el rol del Pipe en el balance. Por ejemplo, el Ministerio de Hacienda ha celebrado que el área de las edificaciones se comportó bien el año pasado. Parte de lo conseguido tiene que ver con el recorte de los intereses citado, pero la verdad es que el grueso de las inversiones en soluciones habitacionales todavía está pendiente. El pasado 2 de abril se completaron 28.594 unidades que serán desarrolladas en los meses que vienen en diversos municipios, pero falta concretar 58.000 más, que es el objetivo fijado para la parte urbana.

En lo que hace a la industria, el balance es desalentador. El reporte más reciente del Dane muestra que la producción fabril creció 2,8 por ciento en febrero, pero el dato de los 12 meses pasados evidencia una contracción del 1,1 por ciento. No menos inquietante es que el personal ocupado se redujo en 2,1 por ciento, lo cual contrasta con el objetivo de revertir la tendencia.

A su vez, las cifras de la agricultura fueron buenas, pero es imposible atribuirle lo sucedido al Pipe, pues el café –que responde a otras dinámicas– fue el gran responsable. Las herramientas para atacar el contrabando dependen de que un proyecto de ley, presentado en octubre, reciba luz verde del Congreso, mientras que el alza reciente en el precio del dólar ha dado marcha atrás.

Lo anterior no quiere decir que el plan gubernamental no haya servido, sino que sus efectos no son tan inmediatos como se quieren presentar, ya que muchos están por verse. Una vez más se comprueba que, también en estos asuntos, del dicho al hecho, hay un buen trecho.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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