Ricardo Ávila

El dilema de la Alianza

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
enero 27 de 2014
2014-01-27 03:35 a.m.
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La experiencia dice que sacar adelante cualquier negociación comercial requiere de mucho arrojo y audacia. Al fin y al cabo un acuerdo de este estilo significa que algunos sectores tienen que ceder parte del mercado nacional a las importaciones, en aras de la consecución de beneficios mucho más cuantiosos para toda la economía.

Esa reflexión viene a cuento ahora que se avecina una nueva cumbre de los presidentes de los países miembros de la Alianza del Pacífico, que se celebrará en Cartagena el próximo 10 de febrero. Aunque los jefes de Estado ya se han reunido en el pasado para avanzar en esta iniciativa, esta cita tendrá una importancia especial por una razón muy simple. En esta ocasión los mandatarios deberán sellar el acuerdo comercial que habrá de servir de piedra angular para el ambicioso proyecto regional.

Semejante logro no es cuestión de poca monta. Aunque en América Latina se han lanzado muchas propuestas de integración regional a lo largo de los años, son pocas las que verdaderamente llegan a cristalizarse en un verdadero compromiso de lograr una liberalización del comercio. La mayoría se quedan en buenas intenciones y sonoras declaraciones, que terminan empantanándose a la hora de ejercer el músculo político necesario para abrir efectivamente los mercados.

El reto que plantea esta situación es particularmente relevante para Colombia, teniendo en cuenta que nuestro país podría derivar grandes beneficios de una profundización de la integración con las economías de Chile, Perú y México. Estos países no solo comparten nuestro mismo modelo económico, sino que los dos primeros han disfrutado de un gran crecimiento en los últimos años, mientras que el tercero avizora una nueva etapa de dinamismo en el marco de las reformas adelantadas por el Gobierno de Enrique Peña Nieto. Además, estos tres socios se encuentran más integrados que nosotros a las cadenas globales de valor, lo que podría abrir por fin el camino a que nuestra economía se insertara en esta nueva red de vínculos que gobierna la realidad productiva del orbe en este siglo.

El dilema que enfrenta el Gobierno colombiano en este contexto no es menor y tiene que ver con la apertura agropecuaria. Es sabido que voceros gremiales de ese sector han planteado de manera reiterada su rechazo a este acuerdo, lo que se ha convertido en una sombra que ha acompañado a los negociadores nacionales desde hace tiempo. Además, hay que tener en cuenta que de un tiempo para acá el Gobierno no ha sido especialmente exitoso en su gestión de los temas del sector. La prueba más elocuente es el manejo que le dio al denominado paro agrario, que además de minar sensiblemente el capital político de la administración Santos, a la postre derivó en la adopción de políticas enrevesadas que no dejaron satisfechos a tirios ni a troyanos.

Ahora las dificultades se trasladan a la arena de la Alianza del Pacífico, donde nuestros socios esperan, con razón, que todos los países miembros se comprometan con una apertura efectiva de sus mercados, incluidos, por supuesto, los del sector agropecuario. El problema es que esta cita presidencial tendrá lugar justo cuando Colombia ha impuesto salvaguardias que han restringido las importaciones de ciertos productos agrícolas provenientes de algunos países de la región, entre los que se destaca Perú como miembro de la Alianza.

El proceso de liberalización que salga de la reunión presidencial de Cartagena será de la mayor importancia, porque de él dependerá que la Alianza del Pacífico sea una iniciativa eficaz y no se quede en la simple retórica. Ojalá los cuatro gobiernos, incluido por supuesto el nuestro, tengan claridad plena sobre la importancia de lograr una integración efectiva, para beneficio de todos nuestros países.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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