Ricardo Ávila

El dilema brasileño

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 22 de 2014
2014-10-22 06:08 a.m.
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Para quienes se han acostumbrado a la tradición democrática que ahora impera en América Latina, se trata de una elección más. Pero para los que le toman de forma constante el pulso a la región, los comicios en los que se enfrentan este domingo Dilma Rousseff y Aécio Neves por la presidencia de Brasil representan una batalla trascendental entre dos formas radicalmente distintas de llevar los asuntos del Estado.

En una esquina se encuentra la actual presidenta, heredera del legado político de Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, como cabeza visible del Partido de los Trabajadores. Reconocida por su gran capacidad de trabajo -pero sin el arraigo popular y el don de gentes de su mentor-, la mandataria ha perdido mucho de su lustre en los pasados cuatro años.

Entre las críticas que se le hacen está la incapacidad de mover exitosamente a la que es, de lejos, la economía más importante de Latinoamérica y la séptima del mundo. Después de un impresionante desempeño a mediados de la década pasada, la locomotora auriverde sufrió un frenazo y hay quienes dudan que su crecimiento llegue al 1 por ciento en el 2014, con lo que completaría cuatro años de descensos continuados.

Como si eso fuera poco, la inflación ha tomado vigor, un asunto muy sensible en una nación que recuerda con temor las espirales alcistas de hace dos y tres décadas. El alza en los precios ha incidido en los salarios reales, con lo cual el consumo también se ha resentido.

Adicionalmente, la población quiere más y mejores servicios. Es verdad que en lo que va del siglo, unos 40 millones de personas han dejado las filas de la pobreza y que la clase media registra una expansión sin precedentes. Tanto la baja en las tasas de desocupación como algunos programas sociales de transferencias condicionadas, como Bolsa Familia, han sido claves para ese avance.

Sin embargo, la calidad de los servicios recibidos es pobre, sobre todo cuando se tiene en cuenta que la recaudación de impuestos en Brasil asciende al 36 por ciento del Producto Interno Bruto, una proporción que duplica la de Colombia y está a la par de la que se registra en las economías de la Ocde. Los ciudadanos se quejan de las carreteras, el transporte urbano, la salud, la educación, el medioambiente y el clima de seguridad.

Muchos tienen presente todavía el estallido de hace 15 meses, cuando en las calles de las principales ciudades se vieron manifestaciones inmensas, que sobrepasaron todos los cálculos de quienes las convocaron. Un examen de los que protestaron mostró que no se trataba de los más pobres, sino de personas con cierto nivel de ingreso que pedían un cambio verdadero en la efectividad de la administración pública.

Parte de ese descontento lo ha recogido Aécio Neves, quien como gobernador de Minas Gerais logró hacer una gestión que recibió elogios de múltiples sectores. No obstante, el candidato opositor es presentado como un hijo de la élite (su abuelo materno fue Tancredo Neves, que murió poco antes de posesionarse en la presidencia), quien no ha tenido problema para contratar a su parentela en la nómina oficial o para exigir ciertos privilegios.

Al menos eso es lo que recuerdan los comerciales de la campaña de Rousseff, que se ha concentrado en la propaganda sucia, táctica que en su momento le sirvió para acabar con quien aparecía como su rival para la primera vuelta, Marina Silva. El hecho de que en los sondeos más recientes la Presidenta se encuentre ligeramente por encima de su rival, hace pensar que los ataques han sido efectivos.

Aunque existe una franja de indecisos, cercanos al 10 por ciento, que decidirá una elección que por ahora muestra una clara división geográfica y social entre el norte, más pobre y atrasado, que respalda a Rousseff, y el sur urbano y moderno, que está con Neves. Mientras el dilema se define, el continente está atento, pues habría un giro ideológico clave si el Gobierno socialista decide ser reemplazado por los votantes brasileños.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 


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