Ricardo Ávila

Dinero a montones

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 16 de 2013
2013-05-16 03:17 a.m.
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Una prueba más del cambio sustancial que ha tenido la lista de los sitios más atractivos para los capitales en el mundo fue la que dio hace un par de días la Cepal, al hacer su balance sobre la evolución de la inversión extranjera directa en la región. Según el organismo de las Naciones Unidas, esta parte del planeta recibió ingresos por dicho concepto que ascendieron a 173.361 millones de dólares el año pasado, con un incremento del 7 por ciento, el cual contrasta con una caída global del 13 por ciento.

La suma mencionada no solo es la más alta en la historia, sino que consolida una tendencia alcista. Los motivos del crecimiento son variados y en algunos casos complementarios. Un factor clave es el auge en las cotizaciones de las materias primas, que ha llevado a miles de empresas a financiar múltiples proyectos de exploración y explotación. Tanto la minería y los hidrocarburos necesitan fondos para desarrollarse, un requisito que coincide con la presencia de dinero abundante y barato en los principales centros financieros.

También es importante el alza de los indicadores de consumo interno en las economías latinoamericanas. La disminución en los índices de pobreza y la expansión de las clases medias son atractivas para compañías que pueden aumentar sus ventas en el ramo de servicios o del comercio, de manera mucho más acelerada que en mercados que están en recesión, como los europeos.

Como si lo anterior fuera poco, las multinacionales regionales –más conocidas como multilatinas– tienen un papel cada vez más grande en los flujos de inversión extranjera. El año pasado, 48.704 millones de dólares salieron y entraron a un país de la misma zona. En la lista se encuentran empresas brasileñas, mexicanas o chilenas, pero también las de Colombia y Perú han comenzado a pisar fuerte en este campo.

Las sumas registradas en uno y otro sentido no han hecho más que avivar la discusión sobre la conveniencia de estos movimientos, particularmente en una región que tiene actitudes ambivalentes sobre la llegada de capitales foráneos. Uno de los argumentos más fuertes en contra tiene que ver con la repatriación de utilidades, que llegó a 113.067 millones de dólares en el 2012.

A primera vista, alguien podría decir que no tiene ninguna gracia que dos terceras partes de lo que entra a un bolsillo acaba saliendo de otro. No obstante, siempre es bueno recordar que la rentabilidad obtenida se consigue sobre el acumulado histórico y que esta ha oscilado entre 4 y 10 por ciento durante el presente siglo, según la Cepal.

Hecha esa salvedad, no está de más recordar que las compañías que traen sus recursos a la región no son entidades sin ánimo de lucro, ante lo cual el pago de dividendos puede convertirse, eventualmente, en un dolor de cabeza desde el punto de la balanza de pagos. Es verdad que las multilatinas también han empezado a ganar dinero y a repatriarlo, pero ese monto apenas asciende al 11 por ciento de lo que se va.

Por otro lado, la Cepal señala que el tema es necesario verlo en un contexto más amplio. Por ejemplo, la entidad indica que la inversión extranjera tiene un efecto positivo sobre el empleo, que llega, en promedio, a tres puestos de trabajo generados por cada millón de dólares recibidos. Lamentablemente, mientras que en el caso del comercio y la construcción esa relación es de siete, en el de la minería la proporción es de apenas una plaza por cada dos millones de dólares.

Tales análisis deberían ser tenidos en cuenta en Colombia, que el año pasado ocupó el tercer lugar en el ranking latinoamericano, por debajo de Brasil y Chile. Si bien el país se encuentra en el ‘pelotón’ de punta, la mayoría de lo ingresado se va hacia las industrias extractivas, mientras otros sectores son menos dinámicos. Eso no es del todo positivo, así se diga, con razón, que el país se encuentra ahora en el radar de los inversionistas.

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