Ricardo Ávila
Editorial

¿Dónde está el detrimento?

La compra de las acciones de TGI que hizo la EEB en el 2014 llevó a un juicio fiscal, pero el negocio parece ser muy rentable.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
octubre 10 de 2016
2016-10-10 08:53 p.m.
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No pasó inadvertida por la opinión la noticia según la cual la Contraloría de Bogotá decidió abrir un juicio fiscal contra varias personas, incluyendo a los integrantes de la pasada junta directiva de la Empresa de Energía (EEB) y el exalcalde Gustavo Petro. El motivo no es otro que la operación de compra del 32 por ciento de las acciones de la Transportadora de Gas Internacional (TGI) en el 2014, por más del doble del dinero al que habían sido vendidas unos años antes.

En una ciudad que, lamentablemente, cuenta con un largo historial de escándalos de corrupción, la denuncia fue interpretada como la confirmación de un negociado mayúsculo. El silencio de los responsables directos de la operación sirvió para convencer a la gente de que aquí existe un verdadero gato encerrado.

La compra de las acciones de TGI que hizo la EEB en el 2014 llevó a un juicio fiscal, pero el negocio parece ser muy rentable.

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Aunque es de esperar que con el paso del tiempo se conozcan los argumentos de unos y otros, vale la pena hacer historia, con el fin de tener el contexto. Y es que solo con la película completa es posible entender el avance de una compañía que, hoy por hoy, es una de las joyas de la corona en el balance consolidado de la EEB. Si la estrategia de vender el 20 por ciento de esta última para financiar parte de las obras clave del gobierno Peñalosa sale adelante, será, en parte, por la fortaleza que aporta TGI.

Todo empezó en el 2006 cuando Ecopetrol vendió el 100 por ciento de los activos de Ecogas por el equivalente de 1.460 millones de dólares, que fueron pagados por la firma distrital. La adquisición implicó endeudar a la recién creada TGI, pero el compromiso hecho con los bancos que dieron el dinero era el de hacer una capitalización de 400 millones de dólares para disminuir las acreencias.

En el 2011 se concluyó un proceso en el que se recibieron dos ofertas. La que se aceptó por ese monto correspondió a Citi Venture Capital International, brazo de inversiones del imperio financiero del mismo nombre. A cambio de una propiedad del 31,92 por ciento, se hicieron reformas estatutarias que limitaban el margen de autonomía de TGI, lo cual, en la práctica, le daba al socio extranjero una especie de poder de veto sobre determinaciones de fondo.

Desde un comienzo, se sabía que la duración del Citi como accionista no sería eterna. Por eso, dentro de los convenios firmados, estaba el que la EEB tendría el derecho a hacer la primera oferta ante una venta eventual. Eso acabó ocurriendo tres años después cuando se hizo la operación que está cuestionada, por un valor de 880 millones de dólares.

La compañía del 2011 no es la misma de hace dos años, la valoración no está fuera de lo usual y el patrimonio es mayor ahora.

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A primera vista, la diferencia es exorbitante. Sin embargo, lo primero que vale la pena preguntarse es si la TGI del 2011 era la misma del 2014. La respuesta es que no. Para comenzar, las ganancias antes de intereses, impuestos y depreciación, conocidas como Ebitda, pasaron de 222 a 361 millones de dólares. Además, el efectivo en caja subió de 34 a 364 millones de dólares en el mismo lapso.

La segunda inquietud es si se compró caro. Hechas las sumas y las restas, el valor pagado por la EEB ascendió a 10,07 veces el Ebitda, un múltiplo que no parece exagerado. Aunque las comparaciones son odiosas, casi al tiempo se transó la Transportadora de Gas del Perú, que fue adquirida por otro inversionista que pagó 10,78 veces por algo muy similar.

El último interrogante tiene que ver con determinar si la compra resultó ser un mal negocio. Para este año, las utilidades operacionales esperadas de TGI serán cercanas a los 400 millones de dólares. En paralelo, el múltiplo de transacciones de compañías del sector en el mundo se ubica en 11,21. Lo anterior quiere decir que el 32 por ciento vale más de mil millones de dólares, y si se tiene en cuenta cuánto de su dinero invirtió la EEB, la rentabilidad efectiva habría sido del 49 por ciento anual en dólares. Si esas cifras están bien, difícilmente se podrá hablar de un deterioro patrimonial en lo que, al contrario, parece ser un gran negocio.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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