Ricardo Ávila

Dos entidades clave

Es pura coincidencia, pero en los últimos días dos personas clave para la política social le dijeron adiós al Gobierno.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 19 de 2013
2013-02-19 01:40 a.m.
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La semana pasada se supo de la renuncia de Samuel Azout, quien dejó la dirección de la Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza Extrema, conocida como la Anspe. Y este lunes se concretó el retiro de Luis Alfonso Hoyos al Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena.

En ambos casos, los profesionales mencionados le habían informado desde finales del 2012 a la Casa de Nariño que su respectiva motivación obedecía a causas personales. Debido a ello, la Presidencia tuvo el tiempo suficiente para mirar hojas de vida y designar un reemplazo. En el caso de la Anspe fue nombrada rápidamente Beatriz Linares, mientras que en el del Sena se espera un anuncio pronto, si bien en el entretanto quedó como encargado el viceministro de Trabajo, Mauricio Olivera.

Sin embargo, y más allá de los nombres, el cambio de titulares ha sido usado por algunos analistas para evaluar cómo van las cosas. En lo que respecta a la Agencia, se ha abierto el debate sobre si esta es verdaderamente efectiva en la lucha contra la miseria. Como se recordará, el método de trabajo consiste en identificar a 1,4 millones de familias en todos los municipios del país y hacerles cada tres meses un seguimiento que incluye la revisión de 45 parámetros que tocan múltiples aspectos.

Dicha labor la hacen 10.860 cogestores que todos los días tocan las puertas de aquellos hogares sumidos en la más absoluta pobreza. Si bien los funcionarios de la Anspe no manejan recursos o controlan programas, cumplen una labor que consiste en impulsar la demanda de cobertura social.

Puesto en otras palabras, dan salidas que le sirven a quien está en condición de marginalidad. Estas pueden ir desde informar sobre el trámite de la cédula o la libreta militar, hasta mostrar que hay mecanismos como el Sisbén o Familias en Acción, que abren la puerta a la cobertura en salud o para recibir transferencias condicionadas. Aunque suene increíble, un acto tan simple como tener los documentos en regla puede significar la diferencia entre romper el círculo vicioso de la miseria o no.

En muchos casos, ese oficio representa el primer contacto que cientos de miles de ciudadanos tienen con el Estado colombiano, al que muchos consideran lejano o incluso hostil.

Adicionalmente, el trabajo de los cogestores permite establecer mecanismos de seguimiento directos para medir el impacto de múltiples políticas públicas a lo largo del tiempo. Por tal motivo, el esquema de la Anspe hay que preservarlo y dejar que madure, con la convicción de que es un instrumento de gran utilidad.

Por su parte, el Sena cuenta con un gran prestigio de más de medio siglo. No obstante, la entidad tiene ante sí un enorme desafío que consiste en ser más efectiva en aquello que los especialistas designan como la formación para el trabajo. Esta radica básicamente en preparar con calidad a un enorme número de bachilleres o técnicos que demandan sus servicios, en disciplinas que tengan salida en el mercado laboral de hoy.

Tal misión suena obvia, pero el tema es complejo. El Sena es una institución lenta, que en ocasiones ha sido infiltrada por la política y cuenta con un sindicato beligerante, a veces reticente al cambio. Además, la variación en su fuente de financiación, definida por la pasada reforma tributaria, generó una buena dosis de ansiedad interna.

En consecuencia, también en este caso hay que asegurarse de que llegue una persona cuyos méritos profesionales y voluntad de permanencia no dejen duda alguna. Sobre todo, hay que resistir la voracidad del Congreso, cuyos integrantes ganan en apetito burocrático en estas épocas preelectorales.

Así, hay que recordar el proverbio bíblico que dice ‘que no basta con regalar pescado, sino enseñar a pescar’. Bien manejados, la Anspe puede servir para lo primero y el Sena es fundamental para lo segundo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co

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