Ricardo Ávila

La dura realidad

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
febrero 05 de 2015
2015-02-05 04:27 a.m.
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Todo indica que la discusión que se dio en la Casa de Nariño en torno al Plan de Desarrollo, que empezará a ser analizado mañana en el Congreso, fue particularmente productiva. Quienes asistieron al Conpes, que le dio la luz verde interna a la iniciativa, no solo apoyaron el enfoque de Planeación Nacional, sino que respaldaron el énfasis de una carta de navegación en la que sobresale el componente regional.

Aparte de lo anterior, el ejercicio sirvió para mirar, en forma descarnada, el asunto que determinará el éxito o el fracaso de la propuesta a la hora de ponerla en práctica: el de los recursos. Y es que para nadie es un misterio que las cosas han cambiado en forma radical, desde hace seis meses, cuando se comenzó a diseñar la que será la hoja de ruta para este cuatrienio.

La variación más grande de todas es la de los ingresos públicos. La descolgada en los precios del petróleo, que han perdido más de la mitad de su valor en comparación con lo registrado en agosto pasado, obliga a hacer presupuestos realistas, a los cuales se deben ajustar las prioridades de la administración Santos.

Como es bien sabido, el impacto de las menores cotizaciones del crudo se siente, tanto sobre el impuesto a la renta que pagan las empresas del sector, como sobre los dividendos que Ecopetrol le gira a la nación, su principal socio. El golpe será duro en el 2015 pues, según el Ministerio de Hacienda, lo que llega por ambos conceptos se reducirá en 9 billones de pesos. No obstante, el próximo año el faltante será mayor, pues solo hasta ese entonces el huracán de los precios bajos arribará con plena fuerza.

De manera complementaria, hay que tener en cuenta que las perspectivas de crecimiento presentes y futuras de la economía colombiana han descendido. El Banco de la República afirmó la semana pasada que la expansión del Producto Interno Bruto sería del 3,6 por ciento en este periodo, seis décimas menos que la proyección oficial. Esa dinámica reducida también tendrá incidencia en las arcas estatales, ya que a menor actividad, menor recaudo.

Es verdad que parte del apretón será compensado con más deuda, tal como lo permite la regla fiscal.

Aun así, las cuentas siguen sin dar, ante lo cual el Gobierno tiene las únicas dos disyuntivas que verdaderamente existen: recortar gastos o buscar nuevas fuentes de ingreso.

Todo indica que la primera opción va ganando y que se habla de sumas billonarias. Las diferentes señales sugieren que el Ministerio de Hacienda ha comenzado a alistar la tijera desde ya y que, a pesar del desmayo de un buen número de sus compañeros de gabinete y más de una entidad descentralizada, se viene un apretón pronto. Quienes saben de estas cosas sostienen que el espacio para mayores economías no se ha agotado, sin que realmente se afecten algunos de los programas bandera del Ejecutivo.

Y lo que viene será peor. El presupuesto del 2016 tendrá que ajustarse a un escenario que puede ser indeseable para cumplir promesas de campaña, pero es el que hay.

Uno de los motivos es que la idea de subir recaudos cada vez tiene menos amigos, así la Ocde diga que sería bueno hacer algo en la materia. Las razones son de orden político, pues no solo el descontento de la ciudadanía sería grande, sino que el manejo del Congreso ha probado ser muy complicado.

Algo se va a intentar, en lo que corresponde a tratar de poner en cintura a las entidades sin ánimo de lucro, cuya figura se ha prestado para todo tipo de abusos. Pero el tan anunciado proyecto de reforma tributaria estructural no va a estar listo este año, pues la comisión de expertos, que se encargará de dar pautas al respecto, no ha sido convocada y tampoco hay ánimo de hacerlo pronto.

Por eso, el Plan de Desarrollo, cuya ruta definitiva empieza ahora, deberá ser menos ambicioso en montos prometidos. Solo así, se evitará que la realidad se encargue de reducirlos.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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