Ricardo Ávila
Editorial

Un remedio no es la solución

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
febrero 08 de 2016
2016-02-08 08:14 p.m.
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La noticia inicial fue la del salto que dio la inflación en enero, al duplicar los guarismos del mismo mes del año pasado. Pero un par de días después la discusión se enfocó en las declaraciones del Ministro de Agricultura, quien en una entrevista les adjudicó buena parte de la responsabilidad de las alzas a los intermediarios, incluyendo los almacenes de cadena.

Las reacciones no se hicieron esperar. Más de un comentarista señaló que el funcionario estaba buscando la calentura en las sábanas, como dice la expresión popular. Según esa postura, el valor de la comida ha subido en Colombia por cuenta de dos factores centrales: clima y devaluación.

"Tratar de disminuir el margen que tiene la intermediación en Colombia es válido, pero no le va a ayudar al control de la inflación".

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El argumento cuenta con fundamento. La sequía se siente sobre los rendimientos de las cosechas, con un impacto particular sobre el altiplano cundiboyacense, en donde a la falta de agua, se le suman las heladas. Debido a esa situación, la productividad cae, y las cotizaciones de la papa, las hortalizas o las frutas van hacia arriba, mientras que el rendimiento de los hatos lecheros disminuye.

Por su parte, el salto en el dólar también les pasa a las personas su cuenta de cobro. Es verdad que la debilidad de la economía global ha incidido en que la mayoría de bienes agrícolas esté muy por debajo de los niveles alcanzados hace unos años, pero el saldo neto no necesariamente nos favorece, debido a que el peso se ha debilitado notoriamente. Si además se tiene en cuenta que el país importa una tercera parte de sus necesidades alimentarias, es evidente que la tasa de cambio tiene incidencia sobre la canasta familiar.

Por su parte, el Ministro señala que es escandaloso que el margen entre lo que cuesta un producto comestible en la plaza mayorista y lo que paga el cliente en el punto de venta, se acerca al 100 por ciento. Si a eso se le agrega que el cultivador recibe todavía menos, queda planteado que alguien, o algunos, se llevan esa diferencia.

Al respecto, vale la pena señalar que el planteamiento tiene ciertos elementos válidos. Desde hace tiempo se ha señalado que los eslabones que forman parte de las cadenas de comercialización –que no es lo mismo que el comercio minorista– se prestan para abusos. El motivo es que la formación de precios no es transparente y parecería quedar al arbitrio de unos pocos. La existencia del zar de la papa, o de la lenteja, sugiere que la ley de la oferta y la demanda no opera libremente aquí.

Por tal motivo, sería deseable que el Gobierno trate de meter pronto baza en el asunto, con el concurso de la Superintendencia que tiene a su cargo el tema de la competencia. Eso es más fácil decirlo que hacerlo, debido a la informalidad que prevalece en buena parte de los asuntos relacionados con el campo. Aun así, hay que intentarlo.

"La aceleración de la carestía tiene dos culpables ante todo: la sequía que afecta el régimen de lluvias y el salto en la tasa de cambio".

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No obstante, incluso si se logra desmontar aquello que el Ministerio califica de mafias, es ilusorio pretender que eso va a disminuir el ritmo inflacionario en el corto plazo. A menos que el abastecimiento regrese a la normalidad –algo que solo sucedería a finales de este semestre cuando vuelvan las lluvias–, no llegará el alivio para los consumidores.

De manera complementaria, es bueno recordar que el ingreso de los agricultores sí ha subido. Según datos de Fedepapa, el tubérculo entregado en el cultivo ha subido cerca de 150 por ciento en los pasados dos años, mientras que en lo que atañe al arroz, el avance es del 67 por ciento, de acuerdo con Fedearroz.

Ante lo sucedido, lo que cabe preguntarse es por qué no hay una mayor oferta de alimentos de origen interno. La inquietud cobra más validez cuando se examina el aumento en el presupuesto del Ministerio de Agricultura, muy superior al promedio histórico. La expectativa en torno al Plan Colombia Siembra, que promete un millón de hectáreas adicionales en producción, es grande. Ahora, lo que importa es que las promesas se conviertan en realidad, mientras se hace lo posible para desmontar los carteles que existen.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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