Ricardo Ávila
Editorial

¿Quién paga los platos?

Una sentencia emitida por la Corte Constitucional hace poco, ha disparado las alarmas en las entidades de educación superior.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
abril 17 de 2017
2017-04-17 09:06 p.m.
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Desde la vigencia de la Constitución de 1991 hay una tensión entre los derechos básicos de la población y las responsabilidades de los actores que prestan estos servicios, en particular si son entidades privadas. Por ello es interesante analizar las implicaciones de una reciente sentencia de la Corte Constitucional (la T-102 del 2017) que tutela el derecho a la educación universitaria de una estudiante de medicina que tuvo problemas para el pago de la matrícula y cuyo reintegro académico fue ordenado a la entidad por el alto tribunal.

La determinación es llamativa, no solo porque había sido rechazada en dos instancias. Más allá de los detalles individuales del caso, lo que queda en entredicho es si una institución particular cuenta con la potestad de penalizar a alguien que no está al día en sus obligaciones.

La Corte tiene amplia jurisprudencia defendiendo el derecho a la educación de los menores de edad. No obstante, en los últimos años ha comenzado a extenderlo a los estudiantes universitarios.

Dicha postura crea inquietudes en un país donde hay una oferta de cupos en la educación superior que permite atender tan solo a la mitad de los bachilleres. ¿Son, entonces, las entidades privadas sin ánimo de lucro las que deben asumir el costo de incapacidad de pago de sus estudiantes o el Estado? ¿En casos excepcionales de un estudiante que está terminando su carrera y ha cumplido con todos sus deberes académicos y financieros podría ampliársele al 100 por ciento la financiación estatal? La respuesta no es fácil, aunque todo apunta a que es cuestión de definir criterios y aplicarlos.

En este caso la discusión de fondo es si las consideraciones individuales pesan más que las colectivas. Para algunos, no tiene sentido obligar a una universidad privada a mantener estudiantes sin capacidad ni fuente de pago, afectando las finanzas de la institución y por ende su posibilidad de atender con la calidad esperada al resto de la comunidad universitaria.

A fin de cuentas, las entidades de educación superior también merecerían que se le proteja su derecho a dar una educación de calidad que se puede vulnerar si se extiende la cultura del no pago. Implícitamente, los colombianos adultos que han trabajado y estudiado secuencial o simultáneamente acabarían siendo discriminados por los sacrificos realizados.

Las universidades privadas vienen haciendo un esfuerzo notorio para ser más incluyentes y evitar que ningún estudiante que merezca ingresar a sus aulas no lo pueda hacer por falta de recursos económicos. Un incipiente desarrollo de la filantropía en el país está permitiendo formar fondos patrimoniales para becas que se complementan con el programa ‘Ser Pilo Paga’.

No obstante, decisiones como la citada, que protegen los derechos de una persona pueden afectar negativamente los de todos los demás. Así, por ejemplo, las universidades con base en este tipo de decisiones pueden ser mucho más rigurosas en los requisitos de ingreso de los aspirantes, exigiéndoles a aquellos que no tengan financiación asegurada o codeudores con finca raíz, o simplemente rechazándolos, así sean excelentes candidatos. O pueden aumentar las matrículas para cubrir los casos crecientes de no pago.

Por tal razón, los tribunales deben analizar los incentivos que generan en los ciudadanos y entes económicos. Un paso importante fue elevar a nivel constitucional el equilibrio fiscal que evita que se ordenen gastos por encima de la capacidad del Estado para sufragarlos.

Con mayor razón este principio debería tenerse en cuenta para las finanzas de las empresas y organizaciones privadas que prestan servicios públicos. Ante eventos inesperados es el Estado el que debería sufragar los costos de los derechos de los individuos y no las universidades. De lo contrario, el remedio puede resultar peor que la enfermedad.

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