Ricardo Ávila

Un ejemplo a seguir

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 10 de 2013
2013-09-10 03:25 a.m.
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Dependiendo a quién se le pregunte, hay varias maneras de enfrentar los desafíos que afrontan los productores agrícolas en Colombia. Una consiste en despotricar en contra de los tratados de libre comercio y pedir que se cierre la economía, con el argumento de que es imposible competir con economías más desarrolladas que la nuestra. Otra es pedir plata para subsidios o controles de precios, partiendo de la base de que el costo de los insumos es mucho más alto aquí que en otros países.

De hecho, los acuerdos que permitieron el desmonte de los paros de los últimos días tienen elementos de alguna de esas opciones, que implican restricciones a las importaciones, libertades vigiladas o apoyo a sectores como el de la caficultura. Aunque todavía los detalles no se conocen, es previsible que el aumento en el presupuesto del Ministerio de Agricultura para el 2014 –calculado en dos billones de pesos más que la propuesta original– tenga en buena parte ese destino.

Sin embargo, hay una manera diferente de asumir el reto, sin desconocer que son necesarias mayores inversiones en distritos de riego, vías secundarias y terciarias e investigación. Así, por lo menos, lo entendió Fedearroz, el gremio que agrupa a los cultivadores del que es el alimento de mayor presencia en la dieta de los consumidores colombianos de menores ingresos.

Y es que en lugar de sumarse a los coros de plañideras de siempre, la entidad buscó la forma de resolver el acertijo de cómo competir con naciones que son más eficientes que Colombia. La necesidad de hacerlo partió no solo de la llegada de los diferentes TLC, sino del convencimiento de que el calentamiento global ha incidido en los rendimientos por hectárea, debido al alza promedio en las temperaturas y a la alteración de los regímenes de lluvias.

En consecuencia, fue lanzado un programa que recibió el título de Amtec, acrónimo de Adopción Masiva de Tecnología. En pocas palabras, la meta fue la de transferir conjuntamente una serie de técnicas disponibles para diferentes regiones, minimizando al mismo tiempo el impacto sobre el medio ambiente. El propósito original consistió en recuperar los rendimientos registrados más altos, junto con el de recortar en un 20 por ciento los costos.

Contra lo que podría creerse, el esfuerzo no se centró en disminuir el valor de los fertilizantes y los agroquímicos. Fedearroz encontró que, por ejemplo, lo que se paga por un bulto de urea en Colombia no difiere mucho frente a Perú y Ecuador. Y en lo que hace a herbicidas, fungicidas e insecticidas, el gremio tiene una planta en el Tolima que ha logrado una baja notoria en los precios al público en lo que va del siglo, para aquellos registros a los que se les ha vencido la patente.

En cambio, la labor consistió en mejorar los métodos de preparación de terrenos, siembra y recolección. Sin entrar en explicaciones detalladas, este año se lograron cosechas que dieron 8,7 toneladas de arroz por hectárea en vecindades de Ibagué, una cifra que supera las 8,2 toneladas de Estados Unidos. Y en materia de costos de producción, cuatro de cinco regiones se ubicaron por debajo del promedio norteamericano.

Si bien Amtec es todavía un programa piloto, el mensaje de fondo es que hay espacio para mejorar en lo que corresponde a productividad en el campo, si se hace bien la tarea. Esta consiste en facilitar la adecuada dotación de equipos e impulsar la asistencia técnica que incluye a veces elementos de sentido común, como usar la dosis adecuada de insumos.

Por tal motivo, ahora que se empieza a discutir en qué se van a gastar los recursos adicionales que va a recibir el sector agrario, sería bueno que iniciativas como la de Fedearroz sirvan de modelo para otros cultivos y tengan acceso a fondos públicos para que se masifiquen. Al fin de cuentas, son este tipo de semillas las que van a asegurarle un futuro al campo colombiano.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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