Horacio Ayala Vela
columnista

El diablo está en los detalles

Los impuestos afectan a todos los ciudadanos de manera que las normas que los rigen deben ser simples, claras, iguales para todos y precisas.

Horacio Ayala Vela
Editorial
POR:
Horacio Ayala Vela
noviembre 23 de 2016
2016-11-23 09:08 p.m.
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En estas páginas nos referimos a las bondades del proyecto de reforma tributaria, en particular por su claridad y redacción; sin embargo, del estudio más cuidadoso surge la frase manida que encabeza estas notas, porque el texto contiene confusiones, así estén bien escritas.

Siguiendo los criterios de la Comisión de Expertos, en aras de que la tributación de las sociedades esté basada en sus utilidades comerciales, el proyecto contiene numerosas referencias a “los marcos técnicos normativos contables”. El asunto no tendría mayor importancia si no fuera difícil definir con certeza y de manera uniforme cuáles son esos marcos. Porque al país se le vendió la idea de que no podíamos sobrevivir si no se adoptaban en su integridad los estándares de contabilidad NIIF (marca registrada), contenidos en miles de páginas, para todas las personas jurídicas, incluyendo pymes, microempresas y ONG, estándares que vienen de Europa, pero donde solo se utilizan por las empresas que cotizan en bolsas de valores o que consolidan sus estados financieros.

Lo más preocupante es que la mayoría de las referencias a los famosos ‘marcos’ están contenidas en los artículos que determinan los ingresos, costos y gastos, es decir, la base gravable del impuesto de renta, uno de los elementos esenciales del tributo. Es sabido que algunos de esos marcos son exóticos en nuestro medio y sujetos además a interpretaciones diversas, de acuerdo con los criterios de los contadores y los empresarios, de manera que se están poniendo en riesgo (aún más que en el presente) atributos esenciales de la tributación, como la certeza, la neutralidad, la seguridad jurídica y la equidad.

Las normas contables que venían rigiendo en Colombia estaban basadas en estándares internacionales y eran claras y precisas, pero no se utilizaban adecuadamente porque fueron interferidas por normas tributarias, que se preferían por ser más convenientes al momento de determinar los impuestos. Si pasa el proyecto en la forma como está redactado va a suceder lo contrario: la tributación va a estar interferida por interpretaciones contables al gusto del cliente. Y van a proliferar (más que ahora, que es mucho decir), las diferencias entre la Administración Tributaria y los contribuyentes, con resultados aún más inciertos, porque si la gran mayoría de los contadores tiene dificultades para asimilar los miles de páginas de ‘marcos’ y sus interpretaciones del CTCP, qué se puede esperar de los juristas que deben decidir las discrepancias.

Es bueno estar al día, pero no se puede exagerar confundiendo a todo un país. Si queremos copiar, ¿por qué no seguir el ejemplo de la Unión Europea, que tiene normas simples para pymes, dentro del criterio de una normativa inteligente? La contabilidad no puede ser una ciencia oculta o un patrimonio intelectual restringido; menos aún deben trasladarse sus misterios insondables a la tributación. Los impuestos afectan a todos los ciudadanos, en mayor o menor grado, de manera que las normas que los rigen deben ser simples, claras, comprensibles, iguales para todos y muy precisas, respetando del principio de la equidad. Frente a las confusiones propuestas, en esas materias sería preferible no modificar el Estatuto Tributario.

Horacio Ayala Vela
Consultor privado
horacio.ayalav@outlook.com

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