Ricardo Ávila
Editorial

El enigma de los dos Trump

Todavía está por verse si en el nuevo inquilino de la Casa Blanca va a primar el talante populista de la campaña o el pragmatismo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
noviembre 09 de 2016
2016-11-09 10:08 p.m.
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A juzgar por la reacción de los mercados, nadie sabe a ciencia cierta qué esperar de Donald Trump cuando llegue a la Casa Blanca. En la noche del martes, los índices bursátiles se desplomaron para luego recuperarse unas horas más tarde, después de que el ahora presidente electo pronunció un discurso en tono conciliador que se aleja de las posiciones extremas planteadas durante la campaña.

Esos vaivenes resumen aquello que, parafraseando a Gabriel García Márquez, podría denominarse como el ‘enigma de los dos Trump’. De un lado, está el candidato que prometió irse lanza en ristre contra el libre comercio, representado por las exportaciones de México y China. Del otro, está el hombre de negocios que entiende que mantener abiertas las puertas del intercambio les conviene a los consumidores y a las propias multinacionales de origen estadounidense que tienen presencia en los cinco continentes.

Saber cuál de esas personalidades es la que triunfa es algo que solo se sabrá una vez el magnate asuma la presidencia. Mientras tanto, la volatilidad seguirá siendo la norma, pues nadie sabe a ciencia cierta si los asesores que lo acompañaron en la etapa que lo llevó a la victoria formarán parte de la administración, o si los moderados ocuparán puestos claves como la Secretaría del Tesoro y la de Comercio.

Todavía está por verse si en el nuevo inquilino de la Casa Blanca va a primar el talante populista de la campaña o el pragmatismo.

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El escenario pesimista luce inquietante a todas luces. Elevar barreras a los productos traídos de afuera no solo abre la posibilidad de una guerra de aranceles que podría contagiar al planeta entero, sino que deprimiría el ritmo del crecimiento global, el cual apenas supera niveles del 3 por ciento anual. Un círculo vicioso de menor dinamismo exacerbaría los riesgos que hoy aparecen en los cinco continentes, con efectos perversos sobre la inversión y los niveles de empleo.

Semejante eventualidad golpearía con dureza a los mexicanos, cuyas exportaciones al vecino del norte representan cerca del 80 por ciento de sus ventas externas. La probabilidad de un contagio al resto de América Latina sería grande, incluso sin tener en cuenta medidas de fuerza destinadas a contener la migración ilegal de personas a territorio norteamericano. Colombia no saldría indemne de una crisis, así se las ingenie para conservar los lazos privilegiados que ha tenido con Washington.

En el ámbito global, las cosas tampoco se ven mucho mejor. La promesa de hablarle duro a Pekín sirvió para conseguir votos el 8 de noviembre, especialmente en aquellos estados que sienten el coletazo del cierre de diversas industrias. No obstante, un enfrentamiento entre las dos economías de mayor tamaño en el planeta sería inconveniente, pues deprimiría la demanda internacional, incluyendo los productos primarios.

Aparte de lo anterior, existe el peligro de diferencias con la Unión Europea, con la cual Estados Unidos tuvo roces en el pasado. Tumbar las piezas del dominó es algo que puede involucrar a la mayor parte de Asia, al igual que a África. Las diferencias en materia comercial podrían pasar al terreno de la geopolítica, algo que llevaría a un escalamiento de las tensiones sin que se vean las soluciones rápidas.

Los temores de los analistas se centran en la posibilidad de una guerra comercial que se sentiría en todas las latitudes.

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Por tal motivo, hay quienes no pierden la esperanza de que la sensatez prevalezca y que los cuadros experimentados del Partido Republicano convenzan a Trump de que no juegue con candela. De hecho, el nuevo mandatario estará muy ocupado si se dedica a su estrategia doméstica, la cual pasa por desmontar algunos de los programas de Barack Obama, como el de la salud, y reducir los impuestos.

Es verdad que también en ese frente las cuentas no están claras. La ventaja es que el debate permitirá tamizar las propuestas más descabelladas, con el fin de evitar dar saltos al vacío. Y en ese punto el anhelo es que el temperamento pragmático de Trump evite una catástrofe que no solo comprometería a su Gobierno, sino que se sentiría en todos los rincones del globo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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