Ricardo Ávila
Editorial

El oro y la escoria

La controversia política en torno al respaldo al acuerdo final con las Farc, no debería jugar con la reputación del sector privado.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
septiembre 04 de 2016
2016-09-04 02:46 p.m.
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No es usual que un documento elaborado en una institución educativa en Colombia genere tanta conmoción como el hecho por un grupo de investigación de la Universidad Javeriana de Bogotá, en el que se identifica a una serie de empresas mencionadas en las sentencias de Justicia y Paz, que nació con ocasión de la desmovilización de los grupos paramilitares a mediados de la década pasada. El listado llegó a los medios de comunicación y en cuestión de días sirvió para afirmar que ahí estaban compañías que habían financiado a las autodefensas.

Más compleja todavía fue la interpretación según la cual dichas firmas podrían ser procesadas en el marco de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que nace por cuenta del acuerdo suscrito con las Farc. En momentos en que faltan unas pocas semanas para que se celebre el plebiscito del 2 de octubre, esa afirmación le da munición a los partidarios del ‘no’ para decir que los peligros son demasiados como para correrlos.

"La controversia política en torno al respaldo al acuerdo final con las Farc, no debería jugar con la reputación del sector privado".

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Dicha postura disparó las alarmas en el sector privado, que planteó el tema en la Asamblea de Analdex, el martes pasado, ante lo cual el propio Juan Manuel Santos se vio obligado a despejar las dudas en el sentido de que aquí no pagarán justos por pecadores. Un par de días más tarde, el mandatario debió insistir en su mensaje, pues a juzgar por diversas declaraciones los interrogantes no se habían disipado.

Encontrar la verdad no es fácil en medio de la maraña de pronunciamientos, muchos de ellos con un claro interés político. Por tal razón, lo más aconsejable es remitirse al texto de lo firmado en La Habana. Más allá de que la redacción jurídica pueda parecerle abstrusa a algunos, lo cierto es que aquí se aplica plenamente el refrán de que ‘quien nada debe, nada teme’.

Para comenzar, la JEP sirve para atar ciertos cabos sueltos que vienen de la época de Justicia y Paz, y que salen de la lectura de miles de folios que empezarán a ser compulsados a la nueva instancia, la cual “tendrá la función de resolver la situación jurídica de terceros cuando no hayan tenido una participación determinante en los delitos más graves y representativos”.

Aquí, el adjetivo ‘determinante’ es el fundamental, pues hay una enorme distancia entre haber sido el impulsor de una masacre y haber sido víctima del conocido ‘boleteo’. De tal manera, aquellos que fueron coaccionados para el pago de dineros o contribuciones, simplemente verán solucionado un problema, ya que, eventualmente, habrían sido llamados a declarar por la justicia ordinaria.

"No hay que creer en cacerías de brujas que no existen y que algunos le quieren atribuir a la Jurisdicción Especial para la paz".

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Por otro lado, vale la pena señalar que el supuesto peligro de que se conforme un cartel de testigos falsos quedó minimizado. La razón es que los incentivos por delación no existen en la JEP, pues la experiencia ha demostrado sus falencias.

El trabajo de la Javeriana es un ejercicio académico válido, pero puesto en las manos equivocadas sirve para juntar a unos y otros en la misma bolsa, con propósitos malintencionados. Para comenzar, la manipulación elimina el principio de presunción de inocencia y origina un daño reputacional enorme para aquellas compañías que llevan décadas construyendo un buen nombre. Por eso, no está de más insistir en que no son comparables las empresas de primera línea que están comprometidas con la legalidad –y lo demuestran con su accionar diario– y los esquemas que acabaron convirtiéndose en vehículos para fomentar el crimen.

Castigar a los segundos es indispensable. Si algo se requiere hacia adelante es eliminar cualquier intento futuro de justicia privada en Colombia, más allá de si su inspiración es de izquierda o de derecha.

En conclusión, aquí de lo que se trata es de separar el oro de la escoria. Por eso, hay que tener cuidado con la reglamentación y la operatividad de la JEP, que lo que busca, como bien lo recuerdan sus promotores, es ser fuente de soluciones y no de problemas.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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