Ricardo Ávila
Editorial

El riesgo de un ‘tortazo’

La crisis económica que afectó a las naciones más ricas trajo un aumento en la desigualdad. Ojalá a Colombia eso no le suceda.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 28 de 2016
2016-11-28 08:21 p.m.
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Ahora que la economía colombiana anda a un ritmo mucho menor del que se pensaba hasta hace poco, hay que señalar los peligros que acompañan una desaceleración como la prevista. El propio Gobierno señala como meta para este año una tasa de crecimiento del 2 por ciento, mientras que para el 2017 la apuesta de los analistas apenas sube al 2,7 por ciento.

Tales cifras implican que la capacidad de generar nuevos puestos de trabajo se verá reducida, por la sencilla razón de que el sector privado abrirá menos vacantes si el ritmo de los negocios es lento. Adicionalmente, existe la posibilidad de que los salarios escasamente se mantengan en términos reales e incluso caigan en aquellos segmentos más golpeados.

Que tal situación ocasiona trastornos en el ámbito social, es algo que deja en claro un reciente informe de la Ocde, el club de 35 naciones al cual aspira a ingresar Colombia pronto. De acuerdo con la entidad, si bien muchos de sus integrantes dejaron atrás la crisis que tuvo lugar tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y partes de Europa, “los frutos de la recuperación económica no han sido compartidos en forma equitativa”.

La menor tasa de crecimiento puede traducirse en un alza en los índices de desocupación, algo que golpearía
a los más pobres.

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Puesto de otra manera, los índices de desigualdad en las naciones más ricas del planeta aumentaron como consecuencia de la recesión. Es cierto que el desempleo ha bajado, pero en más de un caso los salarios promedio se encuentran todavía por debajo del punto al cual llegaron en la época de las ‘vacas gordas’. Más inquietante todavía es que la mejoría se dio especialmente en los estratos más altos, mientras que en los medios y bajos las rentas provenientes de la actividad laboral no han mejorado.

Como si lo anterior fuera poco, la situación influyó sobre los presupuestos públicos. Ante el menor recaudo de impuestos, los déficit gubernamentales subieron y llegaron a dispararse en algunos casos. La receta obligada fue la de la austeridad, lo cual golpeó a una serie de programas que beneficiaban a las personas de menores recursos, tanto en lo que atañe a ayudas para el desempleo como a transferencias en áreas de la salud, educación o vivienda.

Debido a tales circunstancias, la inequidad es la más alta de los tiempos recientes. El índice de Gini, que oscila entre valores teóricos máximos de cero (todos los individuos de una sociedad reciben el mismo ingreso) y uno (una persona se queda con el 100 por ciento), llegó al 0,318 para los vinculados a la Ocde en el 2014. No menos significativo es que el 10 por ciento más rico recibe el 10 por ciento del ingreso, mientras que el 10 por ciento más pobre apenas obtiene el 2,9 por ciento.

Para Colombia, cuyos indicadores son mucho peores, el campanazo de alerta es inconfundible. Vale la pena recordar que, de acuerdo con el Dane, en el 2015 dicho indicador llegó al 0,522. La diferencia con las economías adscritas a la Organización, con sede en París, no solo son enormes, sino que nos separa una importante distancia de Chile –que nos antecedería en la lista–, cuyo Gini es de 0,465.

Es verdad que hemos mejorado en comparación con las cifras de la década pasada. No obstante, el peligro es que podemos dar marcha atrás si los índices de desocupación aumentan, pues el avance en la distribución del ingreso en el país estuvo explicado primordialmente por la mejora en los salarios o rentas laborales del 20 por ciento más pobre.

La situación, además, se complicaría si la reforma tributaria naufraga en el Congreso y el Ejecutivo se ve obligado a recortar las transferencias que reciben los grupos más vulnerables de la población. Por tal motivo, más vale que la propuesta salga adelante ya que de lo contrario podemos llegar a lo mismo que les sucedió a los más ricos, en donde la peor repartición de la torta tiene todo tipo de consecuencias, incluyendo las políticas.
Quien lo dude solo debe pensar en Donald Trump y las causas de su victoria.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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