Ricardo Ávila
Editorial

El undécimo mandamiento

Los integrantes del Ejecutivo requieren entender que les corresponde manejar los asuntos más difíciles con un guante de seda.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
octubre 09 de 2016
2016-10-09 08:33 p.m.
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Los aficionados a la botánica saben que la papaya es una especie de planta de la familia de las caricáceas. Originaria de los bosques de México, Centro y Sur América, el árbol se cultiva en todas las zonas tropicales del planeta y es, por ejemplo, uno de los ingredientes más apreciados de la cocina del sudeste asiático.

Nadie sabe bien por qué los colombianos incorporaron el nombre de la fruta en una de sus expresiones más coloquiales.
Muchos extranjeros que hablan el español se sorprenden cuando llegan al país y alguien les aconseja ‘no dar papaya’, una frase que la sabiduría popular define como “evitar propiciar que se dé una situación adversa en su contra”, y que es descrita como el décimo primer mandamiento.

La conocida oración vuelve a tener validez a raíz del clima de agitación que vive Colombia. La frenética sucesión de eventos de la semana pasada, que comenzó con un Juan Manuel Santos debilitado por el triunfo del ‘No’ en el plebiscito del 2 de octubre y finalizó con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz para el mandatario, resume los altibajos vividos en los últimos días.

Nada hace pensar, sin embargo, que lo que viene sea más tranquilo. En el frente de la negociación con las Farc deberían seguir los diálogos con quienes abogan por una revisión del texto acordado a finales de agosto en La Habana, comenzando por los representantes del Centro Democrático.

Aunque de entrada el proceso no se veía fácil, dada la conocida polarización en las posiciones, diversos sucesos han enrarecido el ambiente. Uno de marca mayor fueron las declaraciones de Juan Carlos Vélez que reveló la estrategia utilizada para la victoria.

Esta puso de relieve aquella expresión según la cual hay realidades que son como las salchichas: muchos las consumen, pero no se debe contar cómo se hacen.

Ante el uso de tácticas que entran en el terreno de lo sucio, y el segundo aire que le da el reconocimiento internacional, el Presidente puede caer en la tentación de antagonizar a sus contradictores.

Volver a tensar la cuerda sería un error, no solo porque la opinión lo que desea es un entendimiento que conduzca a una paz estable y duradera, sino que reabrir heridas recientes sería contraproducente.

Ello exige, es verdad, una gran dosis de paciencia. En más de una solicitud procedimental, o en algunos de los planteamientos realizados podrían, verse provocaciones que necesitan ignorarse.

Los negociadores gubernamentales están obligados a escuchar lo que se les diga, mantener abiertos los canales del diálogo y examinar fríamente qué puntos es posible reabrir con las Farc, de cuya flexibilidad depende un final feliz.

Junto al llamado a la calma, los niveles más altos del Poder Ejecutivo requieren entender que no les queda más opción que manejar los asuntos más difíciles con un guante de seda.

Así pasa con la reforma tributaria, cuyos elementos más polémicos deberían conocerse el día de hoy y que necesitan ser filtrados por el tamiz de la realidad política.

En tal sentido, el Ministerio de Hacienda tiene que aplicar aquella expresión según la cual, ‘lo mejor es enemigo de lo bueno’.

Una cosa es aumentar los recaudos y otra es aparecer con una dosis de medicina tan amarga que ni siquiera el paciente más juicioso se tomaría.

Exponerse a manifestaciones de descontento popular o a una rebelión en el Congreso, por cuenta de posturas maximalistas, sería grave.

Por otro lado, están temas pequeños que se vuelven grandes. En la Asamblea de Colfecar, que concluyó el viernes pasado, quedó en claro que se está incubando un nuevo paro camionero, debido a un decreto expedido por el Ministerio de Transporte.

Más allá de su justificación, es absurdo revolver el avispero en estos momentos. Por tal motivo, los integrantes del gabinete, con Juan Manuel Santos a la cabeza, requieren aplicar al pie de la letra el undécimo mandamiento: ‘no dar papaya’.

ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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