Ricardo Ávila

Un elemento importante

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 28 de 2015
2015-10-28 03:21 a.m.
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A pesar de las malas noticias en varios frentes de la economía, hay algunas que sorprenden por su relativo buen comportamiento. Una de estas es la demanda de crédito, la cual sigue evidenciando dinamismo, a pesar de la desaceleración de la economía. No obstante, a esta buena nueva, la acompaña una mala. Sin argumentos válidos, se están reencauchando iniciativas que buscan limitar la información que guardan y proveen las centrales de crédito.

En el caso del microcrédito, que suele ser uno de los más golpeados en épocas de desaceleración, los intermediarios financieros dicen estar adoptando políticas más estrictas en su otorgamiento. Sin embrago, manifiestan que en las condiciones actuales, uno de los factores que los llevaría a satisfacer mayores demandas de pequeños créditos es tener más información sobre la capacidad de pago de los deudores. Cuando no siempre existe buenos datos contables y de los proyectos de los microempresarios, tener información de las centrales resulta fundamental.

Actualmente hay tres proyectos de ley en el Congreso que buscan restringir la información que mantienen las centrales riesgo. Una de estas iniciativas propone una reducción significativa de la permanencia de los reportes negativos de los deudores que se ponen al día. Establece que para deudas inferiores a un salario mínimo, este reporte debe desaparecer al momento de normalizarse. También apunta a una disminución drástica del tiempo de permanencia del informe de deudas insolutas. Por último, además de una amnistía, el proyecto plantea meterle mano a los llamados scores crediticios, los cuales deben volver al nivel que tenían antes de la mora, una vez el deudor se ponga al día. De entrada, esto suena raro, dado que estos son una calificación que resulta de la aplicación de múltiples algoritmos matemáticos, a partir del comportamiento pasado del deudor con sus obligaciones financieras.

Estas propuestas ignoran la gran cantidad de evidencia empírica que muestra que la existencia de centrales de crédito con buena cobertura y amplia información impacta positivamente el acceso al crédito. Más aún, la población de menores ingresos, los jóvenes y las minorías étnicas tienen mayores posibilidades de acceder a préstamos cuando existe un sistema apropiado de información crediticia.

Obviamente, la recopilación y manejo de esta información deben estar regulados para proteger el derecho al buen nombre de los ciudadanos. Sin embargo, las acciones en este sentido en diferentes países, se han encaminado no a borrar los datos contenidos en las centrales, sino asegurar que estén correctos y actualizados, y que tanto estas entidades como los intermediarios los corrijan oportunamente.

Esto sin hacer mención a la importancia de las centrales como herramienta para diferenciar a los deudores y hacer una adecuada evaluación del riesgo de los préstamos. No debe olvidarse que los recursos que prestan los intermediarios son los ahorros que los colombianos tenemos en estos, y todos nos beneficiamos de que se asignen cuidadosamente. Una reciente encuesta del Banco de la República muestra que la historia crediticia es un elemento importante para análisis de los intermediarios, pero no el único ni el más relevante. Importante es que exista y que sea lo más completa posible, de lo contrario, los préstamos serán mucho más restringidos.

Estas batallas, que gozan de aceptación popular, se fundan en el desconocimiento de las personas acerca de qué son, cómo funcionan y para qué sirven las centrales y el llamado score crediticio. De ganarse, podrían tener el efecto indeseado de mantener a millones de colombianos ‘invisibles’ para los bancos a la hora de obtener un crédito que les facilite comprar una vivienda, financiar la educación o para montar un negocio.

Si de mejorar las oportunidades para todos los colombianos se trata, estas iniciativas son aún más cuestionables, teniendo en cuenta que la mayor parte de estos ‘invisibles’, es decir, de aquellos que no cuentan con una historia crediticia, o que la tienen, pero con información muy limitada, es la población más vulnerable de nuestro país.

Ricardo Ávila
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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