Ricardo Ávila

¿Emergentes o sumergentes?

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 04 de 2015
2015-09-04 02:57 a.m.
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A medida que se acerca el final del 2015, es cada vez más evidente en los escritos de los analistas internacionales una creciente desilusión frente a América Latina. La región, que hasta hace poco era motivo de un inmenso entusiasmo –y que vio llegar inversiones sin precedentes–, hoy es mostrada como el caso descorazonador de siempre: un conjunto de naciones que no es capaz de aprovechar las épocas de ‘vacas gordas’ con el fin de prepararse para las ‘flacas’.

Y es que el fin de la bonanza de precios altos de las materias primas nos ha pasado una inmensa cuenta de cobro. El dato que lo resume todo es el del crecimiento esperado para el presente año, que apenas llegará al 0,5 por ciento, el peor de las diferentes zonas en las que se divide el mundo.

Como si lo anterior fuera poco, problemas de vieja data siguen presentes. Uno es la inestabilidad política que se siente desde México hasta Argentina, y que golpea el prestigio de la democracia en las Américas. Otro es la corrupción, que viene de costarle el cargo al presidente de Guatemala, y que socava la credibilidad en las instituciones. Un elemento adicional es la violencia: con 8 por ciento de la población global, esta parte del planeta es responsable del 35 por ciento de los homicidios totales.

Es verdad que no todo es malo. La cobertura educativa o la esperanza de vida han subido hasta niveles nunca vistos. No menos trascendental es la disminución en los índices de pobreza y el incremento en el tamaño de la clase media.

Aun así, hay quienes señalan que el peligro de un retroceso es real. Brasil ha visto elevarse el desempleo en más de dos puntos porcentuales entre un año y otro, al tiempo que la inflación supera los límites establecidos. Es muy posible que ambos factores lleven a millones de personas a ver un deterioro en su calidad de vida.

No obstante, también hay especialistas que señalan el peligro de las generalizaciones. La razón es que hay más de una Latinoamérica, pues la suerte de diferentes grupos de naciones puede ser muy distinta.

Por ejemplo, John Paul Rathbone, del Financial Times, señala tres categorías: los emergentes, los flotantes y los sumergentes. Puesto de otra manera, existen economías en la región que avanzan todavía, mientras que otras se mantienen estancadas y unas más van en franco retroceso.

En el primer grupo, se distinguen cuatro: Chile, Uruguay, Colombia y Perú. Todas han tenido altibajos, pero pocos ponen en duda que cuando pase el bache actual serán capaces de tomar un segundo aire.

Posiblemente Panamá, Costa Rica, Bolivia o República Dominicana deberían sumarse a esa lista, a pesar de que su población es mucho más pequeña. Ecuador, en cambio, está en veremos por cuenta de las dificultades que tiene para mantener el esquema de dolarización.

Entre los que no van ni para adelante ni para atrás, el autor británico identifica a México y a Brasil. Las dos naciones más grandes del área han tenido momentos de auge muy llamativos, seguidos de caídas abruptas, con lo cual el codo acaba borrando lo que se hace con la mano.

Un tercer capítulo está integrado por Argentina y Venezuela. La primera era una de las cinco economías más prósperas del globo hace un siglo, y la segunda tenía uno de los ingresos por habitante más elevados hace 50 años. Las dos han dado marcha atrás, presas del populismo, y supieron desperdiciar la lotería que se ganaron con los altos precios de la soya y el petróleo.

Justin Fox, columnista de Bloomberg, llega a deducciones parecidas, aunque con un prisma de tiempo mucho mayor. Pero, más allá de sus puntos de vista diferentes, ambos estudiosos llegan a la misma conclusión: es la calidad de las políticas la que ha hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso, no la abundancia de recursos naturales.

Colombia debería tenerlo presente.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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