Ricardo Ávila

Un enemigo visible

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 26 de 2012
2012-10-26 01:10 a.m.
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En la mañana del miércoles pasado un adolescente de 17 años se acercó a las puertas del supermercado Rapimercar, en pleno centro de Santa Marta. De forma veloz y pasando casi desapercibido, el joven lanzó una granada dentro del establecimiento, que se encontraba más lleno que de costumbre, debido a una promoción en el área de carnes rojas.

Tras la explosión, los gritos y la sangre, el saldo del atentado fue de tres personas muertas –incluyendo a una niña de 6 años– aparte de la destrucción parcial del local.

Así volvió a hacer presencia un tenebroso enemigo que se ha convertido en el más grande dolor de cabeza de los empresarios en buena parte del país, sobre todo de los medianos y pequeños. Se trata de la extorsión, la misma que obliga a los transportadores de Medellín a pagar la vacuna diaria para mover sus buses o a los vendedores en la plaza de Santa Elena, en Cali, a entregar 50.000 pesos cada jornada.

Dicho azote es similar al que se siente en Corabastos, en Bogotá, o entre los habitantes del barrio La Pradera, en Barranquilla, pues el ocupar una casa también obliga a pagar la ‘cuota’.

Aunque el nombre de los grupos cambia –siendo el más conocido el de ‘Los Urabeños’–, el proceder es casi siempre el mismo. Normalmente, la víctima recibe una llamada o una visita, en la que se le exige un aporte en especie, que puede ir desde víveres hasta tarjetas con minutos para el servicio celular.

Pero, con el paso del tiempo –y a veces de forma tem- prana– todo se reduce al efectivo. Los pagos son habitualmente recolectados por niños que, en el caso de la capital antioqueña, reciben el nombre de ‘carritos’, y que así comienzan su tránsito por la senda del delito.

Quien no entienda el mensaje, sabe a qué se atiene. Las advertencias son pocas antes de pasar a los hechos.

En más de una ocasión, el que se resiste es asesinado, lo cual ayuda a mejorar la rotación de la ‘cartera’: nadie quiere que le pase lo mismo que al vecino o conocido, que pierde la vida por negarse a entregar un puñado de billetes.

Y no es que falten las denuncias. Según las cifras del Ministerio de Defensa, los casos de extorsión entre enero y septiembre ascendieron a 1.319, 4 por ciento más que en igual periodo del 2011. De un mínimo de 830 en el 2008, el total de casos reportados saltó a 1.537 el año pasado, y todo indica que en este el dato será más alto.

Al mismo tiempo, el número de integrantes de las bandas criminales capturados por diversos delitos ha crecido sustancialmente y llegó a 3.284 al cierre del tercer trimestre.

Entre estos, se encuentra una gran cantidad de cabecillas, ya que es común que se informe de la caída de un capo, así como de su sucesor o del jefe de una oficina de cobro. Tampoco hay que olvidar que el Eln o las Farc son especialistas en cobrar su ‘impuesto’, como lo atestiguan los transportadores en ciertas zonas del departamento del Meta.

Sin embargo, a pesar de las detenciones a granel, es evidente que el problema sigue. Para comenzar, los especialistas en el asunto aseguran que las estadísticas oficiales difieren ampliamente de la realidad, por la sencilla razón de que las víctimas se quedan calladas. Con una administración de justicia que cojea de manera notoria –para no hablar de la huelga que desde hace un par de semanas paralizó a los juzgados–, es difícil que la gente acuda a un tribunal a interponer una denuncia porque debe pagarle 3.000 pesos diarios a determinado combo.

Por tal motivo, es necesario redoblar los esfuerzos contra este azote, para extirpar un mal que comienza en pequeño, pero que aumenta en tamaño.

De lo contrario, atraer inversión y desarrollar las oportunidades que puede haber en vastas zonas del país será un imposible.

Más que una vacuna, lo que cada pago extorsivo implica es una transfusión a la fuerza, en la cual unas sanguijuelas les sacan sangre a quienes solo quieren labrarse un futuro honesto a punta de trabajo. Si los dejan.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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