Ricardo Ávila

No ensillar sin las bestias

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 06 de 2014
2014-10-06 01:46 a.m.
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Diversas reacciones ha generado el anuncio de Planeación Nacional de la inclusión de los acuerdos entre el Gobierno y las Farc en el próximo Plan de Desarrollo. Según ha dicho su director, Simón Gaviria, en el proyecto del plan que el Gobierno presentará al Congreso se incluirán varios de los temas de las negociaciones en La Habana, con el fin de tener lista la arquitectura institucional para el caso en que se logre un acuerdo de paz. El funcionario también ha dicho que mucho de lo negociado son cosas con sentido común que deberían hacerse con o sin acuerdo de paz.

A primera vista, los planteamientos del director de Planeación Nacional parecen razonables. La inclusión de algunos de los temas de La Habana en el Plan de Desarrollo sería una muestra de la voluntad política del Gobierno de tomarse en serio los resultados de la negociación. Además, constituiría un acto de sana previsión, tomando en cuenta que el diseño y la implementación de cualquier ajuste institucional en Colombia toma tiempo, y más cuando se trata de modificar políticas y entidades con buenas dosis de inercia, como las que rodean los temas que se han discutido con las Farc.

Pero detrás de sus aparentes virtudes, los propósitos Planeación Nacional tienen graves falencias. La más obvia tiene que ver con la incertidumbre sobre la plata. En los últimos meses, muchos analistas han planteado el interrogante de cuánto valdría el posconflicto en Colombia, y la única respuesta razonable a la que se ha llegado es que no se sabe. La razón es simple: mientras no se conozca la totalidad de los compromisos acordados, no se le pueden poner números concretos al asunto. La incertidumbre al respecto es tan grande, que incluso el Ministro de Hacienda ha dicho que el presupuesto del año entrante y las proyecciones fiscales para los siguientes, no incluyen los costos precisos del posconflicto.

Otro motivo para no incluir los acuerdos de la Habana en el Plan de Desarrollo tiene que ver con la estrategia frente a las Farc. En cualquier negociación, las partes involucradas ponen sobre la mesa lo que están dispuestas a entregar, pero no es razonable que una de ellas deje amarrados sus compromisos mientras no concluya el proceso. En la medida en que el Gobierno consigne en el Plan de Desarrollo algunos de los compromisos acordados sin que se haya terminado la negociación, la contraparte los puede dar por ganados sin siquiera haber hecho el esfuerzo de cerrar los acuerdos. Tomando en cuenta que una de las claves de los diálogos entre el Gobierno y las Farc es que nada está acordado hasta que todo esté acordado, no tiene sentido poner al Congreso a aprobar cosas que son apenas propósitos de un proceso que no está terminado.

Desde el punto de vista de la estrategia, también es cuestionable el argumento del director de Planeación cuando afirma que varias de las cosas negociadas son de sentido común, y que habría que hacerlas con o sin acuerdo. No es usual que en un proceso de negociación una de las partes le diga a la otra que le va a conceder algo que de todas maneras iba a hacer. Ante la afirmación del funcionario, las Farc podrían tomar nota para aumentar sus demandas.

Pero quizás el aspecto más delicado del anuncio de Planeación Nacional es que va en contra de una de las condiciones que rodean el respaldo que la mayoría de los colombianos le han dado al diálogo entre el Gobierno y las Farc. Ese apoyo se ha construido bajo el supuesto que lo que se llegara a acordar en La Habana debería ser refrendado por los ciudadanos antes de hacerse efectivo. Una razón más para no ensillar antes de traer las bestias es que un Plan de Desarrollo no debería adelantarse sin conocer previamente cuál es la voluntad de los colombianos.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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