Ricardo Ávila
Editorial

Entre la espada y la pared

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 14 de 2016
2016-07-14 11:09 p.m.
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Mientras los colombianos sufren los estragos generados por el paro camionero, los analistas macroeconómicos están al borde de un ataque de nervios. Y es que el impacto de la movilización de los transportadores sobre los precios amplifica uno de los mayores retos que ha tenido la política económica en muchos años.

El desafío que enfrentan las autoridades no es cualquier cosa: mientras el crecimiento de los precios se acelera, la actividad económica se ralentiza. Los pronósticos indican que la economía crecería alrededor de 2,5 por ciento este año, lo que representa un retroceso frente al 3,1 por ciento registrado en 2015. Entre tanto el incremento de los precios se intensificó en meses recientes, llegando en junio a una inflación de 8,6 por ciento anual.

Pocas personas querrían estar en los zapatos de los miembros de la junta directiva del Banco de la República.

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En condiciones normales, una aceleración de la inflación suele ser el resultado de un recalentamiento de la economía y la fórmula para enfrentarla es simple: aumentar las tasas de interés para que se reduzca la demanda y se atenúe el aumento de los precios.
Sin embargo, en la actual coyuntura, el grueso de la inflación no ha sido generado por un exceso de demanda: durante el primer semestre del año los precios fueron impulsados por el impacto del fenómeno de ‘El Niño’ en los alimentos, y por el efecto de la devaluación acumulada en las importaciones de insumos y productos finales. Ahora, el paro camionero se ha sumado a esos factores como elemento perturbador.

Estas circunstancias han llevado a la junta directiva del Banco de la República a un terreno de la política monetaria relativamente inexplorado. Para cumplir su mandato constitucional de controlar la inflación, el Emisor aparentemente debería seguir subiendo su tasa de interés, como lo ha venido haciendo desde hace varios meses, para inducir una mayor reducción de la demanda que contribuya a controlar los precios. No obstante, como los mayores motores del presente no tienen que ver con un exceso de demanda, las autoridades podrían quedar en el peor de los mundos si aumentan excesivamente los intereses: con una economía estancada y una inflación disparada.

Ante esta situación, algunos se preguntan si es que los miembros de la junta directiva del Banco de la República no se han dado cuenta de que la actual aceleración de los precios no es producto de un exceso de demanda. Por supuesto que las autoridades lo saben, y además conocen los riesgos de excederse con el aumento los intereses. Lo que sucede es que no solo están tratando de controlar los precios, sino que, además, tienen en la mira otra variable que juega un papel fundamental en una situación como esta: las expectativas inflacionarias.

Ponerle un freno a la inflación implica correr el riesgo de desacelerar el ritmo de la economía, justo cuando hay una ralentización.

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Las encuestas muestran que esas expectativas van en ascenso, y ya la mayoría de los agentes económicos piensa que la inflación al final del año será de alrededor de 6,5 por ciento, muy por encima del rango de 2 a 4 por ciento que se ha fijado el Banco como meta. Este no es un dato menor, porque lo que piensen los agentes económicos sobre la carestía futura sirve de parámetro para la fijación de salarios, arriendos y otros contratos clave de la economía, y se convierte así en un factor de reproducción del dinamismo de los precios.

Pocas personas querrían estar en los zapatos de los miembros de la junta directiva del Banco de la República. Si quieren adelantar responsablemente su labor, deben mantener una política que les permita controlar no solo los precios, sino también las expectativas de inflación. Pero en un entorno como el actual, en el que las alzas se dan sobre todo por choques de oferta, enfrentar esa tarea solo con aumentos de tasas de interés puede ser demasiado costoso. Tal vez haya llegado la hora de consultar otra clase de fuentes, además de los consabidos textos de economía, para entender mejor cómo se forman las expectativas de los agentes y poder implementar una política más efectiva contra la inflación.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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