Ricardo Ávila
Editorial

Absurdo, pero posible

Hillary Clinton se verá obligada a esforzarse para conseguir la victoria en los comicios de noviembre. Menospreciar a Trump es un error.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
julio 24 de 2016
2016-07-24 08:05 p.m.
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Cuando a mediados del 2015 Donald Trump anunció que tiraría su sombrero al ruedo, con el objetivo de convertirse en el candidato por el Partido Republicano y así llegar a la presidencia de Estados Unidos, muy pocos lo tomaron en serio.

A fin de cuentas, el magnate no tenía experiencia en política y más de uno se mofaba de su temperamento vanidoso, de su paso por la televisión como estrella de un reality, o incluso de su pelo.

Hoy en día, las cosas han cambiado mucho y aunque los humoristas cuentan con material para burlarse diariamente, los expertos aceptan que se equivocaron en sus apreciaciones iniciales.

Tras haber sido ungido por su colectividad la semana pasada en la convención de Cleveland, el millonario de origen neoyorquino cuenta con una elevada probabilidad de suceder a Barack Obama en la Casa Blanca.

Las encuestas le dan la ventaja a su contrincante demócrata, Hillary Clinton, pero la carrera puede definirse por un estrecho margen.

Semejante posibilidad confunde a los analistas. El motivo es que Trump despedazó paradigmas que incluyen el desconocimiento de las jerarquías en la bancada republicana, la falta de coherencia en sus planteamientos, la capacidad de insultar a contradictores que podrían haber sido sus aliados y la promoción de tesis de corte racista, o que cuestionan a ciertas religiones.

Debido a ello, pocos lo defienden abiertamente, y los sondeos muestran que una alta proporción del electorado lo califica de forma negativa.

Aun así, el fundador del imperio que lleva su nombre genera un entusiasmo en amplios sectores de la población estadounidense. Estos le reconocen su falta de diplomacia, pues consideran que es capaz de llamar las cosas por su nombre en un país en el cual se cree que los dirigentes están desconectados de la ciudadanía.

Por irónico que parezca, una persona con tanto dinero se ha vuelto el campeón de aquellos segmentos populares que consideran que su calidad de vida es peor.

Muchos creen que la globalización desembocó en la pérdida de empleos bien remunerados que acabaron siendo ‘exportados’ a México o China. Unos más culpan al sector financiero de sus angustias, al tiempo que otros opinan que los inmigrantes son una amenaza y que la única manera de enfrentar el extremismo religioso es cerrarles la puerta a los musulmanes.

Debido a ello, la respuesta es el aislacionismo. La idea de construir un muro en la frontera con México –y que sea este país el que pague su construcción– es absurda, pero un número inmenso de personas la considera factible.

Los mensajes sobre la que sería la política internacional estadounidense generan, con razón, inquietud en muchas capitales, pero les suenan bien a los que respaldan fervientemente el tiquete republicano.

No menos preocupante es la promesa de echar por la borda tratados de libre comercio o cerrarles la puerta a los productos chinos.

Los académicos han hecho sonar alarmas sobre las consecuencias negativas que tendría una oleada de castigos y retaliaciones, en contra del intercambio.

Otros señalan que los consumidores norteamericanos acabarían pagando precios mucho más altos, si el ‘Made in USA’ se convierte en un estándar cuasi obligatorio.

Las propuestas de Trump en materia de impuestos llevarían a la economía a un descalabro fiscal, dicen los estudiosos. Aun así, quienes lo apoyan consideran que alguien que ha multiplicado su fortuna sabe más que los académicos.

Todo lo anterior sugiere que Hillary Clinton deberá esforzarse mucho para conseguir la victoria en los comicios de noviembre. La exsecretaria de Estado puede ser la preferida de la prensa y los mercados, pero esa característica aumenta la desconfianza que tantos le tienen.

Su principal error sería menospreciar a un oponente que en los 13 meses que lleva en la arena política ha sido capaz de sorprender a propios y extraños.

ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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