Ricardo Ávila

Espacio para cooperar

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
junio 11 de 2015
2015-06-11 03:19 a.m.
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En principio, la idea es “construir un futuro común”. Ese es el lema de la cita que comenzó a nivel de jefes de Estado y de Gobierno ayer en Bruselas, convocando a los dignatarios de las 61 naciones que pertenecen a la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Durante dos días se pretende pasar revista a los múltiples temas que vinculan al Viejo Continente con esta región, que tienen como base vínculos establecidos desde la época de la Colonia.

Pero más que mirar atrás, la intención del ejercicio es fijarse metas hacia adelante. En abstracto, a ambos lados del Océano Atlántico hay cierta identidad en materia de principios, desde la defensa de la democracia hasta el desarrollo sostenible. En la práctica, sin embargo, las cosas son mucho más complicadas. Así lo demostró la incapacidad de las dos partes de hacer un pronunciamiento sobre Venezuela que, aun en ausencia de Nicolás Maduro, está en la mente de la mayoría de los presentes en la capital belga.

Ejemplos como ese, hacen complicado que el diálogo fluya fácilmente con los europeos. No solo estos tienen problemas más cercanos en su agenda, como la tensión entre Ucrania y Rusia, o la posibilidad de que Grecia no pague sus deudas, sino que los latinoamericanos son incapaces de hablar con una sola voz. Las razones van desde las posturas ideológicas que caracterizan a los gobiernos de la zona, hasta la percepción de que es más rentable dialogar a título individual.

Como si lo anterior fuera poco, hay diferencias notorias. Aparte de las obvias, referidas a los niveles de bienestar e ingreso, no está de más recordar que en los últimos años la evolución ha sido muy diferente. Mientras en esta parte del mundo tuvo lugar un notorio auge económico que incidió en una baja en las tasas de pobreza y un notorio aumento de la clase media, Europa sigue enfrascada en la que se conoce como la década perdida. Varias naciones vecinas al Mediterráneo se encuentran en peor situación que en el 2008.

Incluso, en términos comerciales, la situación ha cambiado. China, y no la Unión Europea, es el segundo socio en lo que hace al intercambio de bienes y servicios. Para usar la figura, los ojos de América Latina se han dirigido hacia el Pacífico, ante la convicción de que en esa cuenca geográfica se van a notar las corrientes del crecimiento económico.

No obstante, es bueno insistir en que condenar al Viejo Continente a un segundo plano sería un craso error. Aun a pesar de la crisis, se trata del área de mayor poderío económico del planeta, con 500 millones de consumidores. Aparte de un atractivo destino para nuestras exportaciones, la zona comunitaria aloja a las compañías que contribuyen con la proporción más elevada de inversiones extranjeras que recibimos.

Y a todo ello es necesario agregar que el viento está variando de dirección. El crecimiento económico europeo ha vuelto a ser positivo y el desempleo empieza a descender. Algunas naciones hicieron la tarea con más juicio que otras, obteniendo importantes avances en materia de competitividad. Si a esos cambios estructurales se les agrega la devaluación del euro frente al dólar, es posible concluir que la ventana de oportunidad que se llegó a abrir durante la crisis financiera, ya se cerró para los latinoamericanos.

En consecuencia, el camino a seguir es el del entendimiento. Los lazos comerciales, que en casos como los de Colombia se apoyan en el tratado de libre comercio que se encuentra vigente, deberían profundizarse. También es importante volver a mirar los programas de cooperación, particularmente con aquellos países que han sido históricamente los principales donantes en América Latina y que tienen mucho que aportar. Y no está de más el diálogo político, porque si Europa en el pasado ha sido parte de nuestros problemas, debería ser en el futuro fuente de muchas soluciones.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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