Ricardo Ávila

Para espantar el fantasma

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 10 de 2015
2015-11-10 01:39 a.m.
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Más vale tarde que nunca. Así podrían ser calificados los estímulos anunciados ayer por el Gobierno con respecto a las inversiones en fuentes no convencionales de energía, que son una opción inaplazable. Si bien los proyectos que se presenten en su momento durarán años en concretarse, la señal es la correcta, sobre todo para aprovechar –entre otros– el potencial de generación eólica en zonas como La Guajira, en donde se podrían crear verdaderas ‘fincas de viento’ mediante la instalación de molinos de la más reciente tecnología.

La preocupación de ampliar la baraja de alternativas, incluyendo los paneles solares o la geotermia, es clave en un país que no se puede dar el lujo de descuidarse. Más allá de que la emergencia actual sea superada y los temores de racionamiento se disipen, el mensaje es que los trastornos climáticos seguirán presentes en el territorio nacional, posiblemente con mayor intensidad que ahora.

Debido a ello, se vuelve imperativo revisar cómo se van a atender los incrementos que vengan en la demanda de kilovatios. En lo que atañe a las hidroeléctricas, la inquietud no solo tiene que ver con la disponibilidad de agua, sino con la dificultad de adelantar obras de gran envergadura en diferentes puntos de la geografía. La experiencia reciente de ‘El Quimbo’, en el Huila, mostró lo difícil y costoso que resulta el manejo de las comunidades afectadas, algo que llevó a archivar hace unos años el proyecto de Porce IV en Antioquia.

Pero así como hay que innovar, vale la pena volver a aquellos combustibles en los cuales Colombia tiene ventaja comparativa. Tal es el caso del carbón, del cual contamos con las reservas más grandes de América Latina, cercanas a los 7.000 millones de toneladas ya probadas.

A diferencia del gas o del diésel, aquí no hay cuellos de botella en la disponibilidad o el suministro. Aparte de que las existencias del mineral son abundantes, este se encuentra distribuido en diferentes regiones y departamentos, desde el Cesar hasta el Cauca, pasando por Antioquia y el Altiplano Cundiboyacense.

Es verdad que en algunos casos hay presencia de carbones térmicos y en otros de siderúrgicos, si bien los primeros son mucho más abundantes. Para no entrar en honduras técnicas, el punto central es que aparte de las termoeléctricas existentes que usan el mineral y aportan algo más de una cuarta parte de la capacidad instalada actual del segmento, podrían construirse muchas más con una ventaja adicional: el costo de operación es competitivo y permitiría su funcionamiento continuo.

En respuesta no faltan los señalamientos de los ecologistas que mencionan cómo esta es una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero. Alemania, para citar un caso, se ha puesto como meta dejar de generar con carbón dentro de década y media, mientras que la presión internacional para que se limite su uso viene en aumento.

Aun así, los estudios de la Agencia Internacional de Energía muestran que la utilización del combustible seguirá siendo primordial en la canasta global de electricidad. Tanto por motivos de abundancia como de eficiencia calórica, su presencia se ve asegurada hasta tanto no se encuentre una manera de reemplazarlo plenamente.

El énfasis, por lo tanto, debería ser en los filtros que ayudan a mitigar la huella de carbono dejada. Quienes saben del asunto aseguran que el impacto contaminante es ahora una fracción de lo que solía ser, algo que será del resorte de las autoridades y la reglamentación, cuando llegue el momento.

Además, es válido el argumento de que es peor el daño para el planeta si el carbón se exporta para que se queme al otro lado del mundo, en lugar de hacerlo aquí. Por tal razón, hay que saber mezclar fuentes convencionales con no convencionales, para que el país mantenga a raya, y ojalá por siempre, el fantasma de un racionamiento de energía.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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