Ricardo Ávila

Euros en abundancia

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
enero 23 de 2015
2015-01-23 06:07 a.m.
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Desde hace días los mercados esperaban algo. De hecho, en los titulares de los periódicos que circularon ayer se hablaba de la inminente aprobación de un programa de compra de bonos privados y públicos por parte del Banco Central Europeo, orientado a darle un impulso a la economía del Viejo Continente.

Pero a lo que nadie le atinó fue al monto. Mientras la prensa habló de 50.000 millones de euros mensuales en adquisiciones de papeles, la cifra definitiva fue 60.000 millones. Como consecuencia, los mercados reaccionaron positivamente, con las acciones hacia arriba y las cotizaciones de los títulos de renta fija hacia abajo. Hasta los emitidos por Grecia –que está a las puertas de unas elecciones que pueden determinar su salida del área comunitaria– se valorizaron.

La lógica de la estrategia es clara. Al inundar de liquidez a las entidades financieras, la aspiración es que estas se animen a prestar a tasas de interés más bajas. Esa es una forma de impulsar la rueda de la producción y el empleo, aparte de estimular la demanda si los consumidores reaccionan. En el mejor de los casos, el crecimiento de la Eurozona, que ha sido raquítico durante años, empezará a reaccionar, dándole inicio a un círculo virtuoso.

Mientras eso sucede, los precios de ciertos activos como los que se negocian en las bolsas, deberían subir. Ayer, incluso, varios índices alcanzaron su punto más alto en siete años. Eso aumentará la riqueza de quienes tengan inversiones de este tipo, algo que puede beneficiar especialmente a los bancos y a ciertos ahorradores.

En tercer lugar, el euro perderá más terreno frente al dólar que se ha fortalecido por cuenta del vigor que experimenta la economía de Estados Unidos. Tanto, que la moneda que no hace mucho se llegó a negociar a 1,4 por cada billete verde, ahora podría quedar en relación de uno a uno. Como consecuencia, la competitividad de las exportaciones del Viejo Continente será mucho mayor, algo que también influirá favorablemente sobre el crecimiento.

Todo lo anterior serviría para espantar los fantasmas de la deflación. Y es que así como alzas exageradas en el costo de vida son un elemento inconveniente, también lo es que los precios se desinflen. Cuando eso pasa los salarios caen y quienes tienen créditos se ven en dificultades para honrar sus obligaciones. Por eso la meta es que el ritmo inflacionario vuelva a niveles cercanos al 2 por ciento anual.

Al menos, esas son las cuentas de los optimistas. El problema es que hay ejemplos de que no siempre el remedio funciona. Así le ocurrió al Japón, que lleva más de una década de estancamiento, a pesar de tener tasas de interés cercanas a cero.

Pero la verdad es que los europeos no tenían muchas salidas. Seguir a la misma marcha no era una opción, pues no solo el anhelado reverdecimiento nunca se produjo, sino que los ciudadanos están cansados de tanta austeridad, sin que vean la luz al final del túnel.

Como consecuencia, ya se han producido varias tormentas políticas y han aparecido nuevos movimientos, como es el caso de Podemos en España, que se ha convertido en una alternativa real frente a los partidos más establecidos.

Aceptadas esas justificaciones, es indudable que la movida del BCE tendrá consecuencias a nivel global. Por ejemplo, los países latinoamericanos que aspiraban a venderle más productos a Europa gracias a la depreciación de sus monedas, ahora ven que esa ventaja puede desaparecer. Un ejemplo es que el peso ha perdido 20 por ciento frente al dólar en los pasados 12 meses, mientras que con respecto al euro el retroceso ha sido del 0,6 por ciento.

No obstante, es válido el argumento en el sentido de que una recuperación del Viejo Continente le sirve más al planeta que una postración continuada. Por eso muchos hacen votos porque la jugada anunciada ayer tenga éxito, más temprano que tarde.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto


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