Ricardo Ávila

Exceso de oferta

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 23 de 2015
2015-07-23 03:29 a.m.
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Hasta hace pocos días parecía que los precios del petróleo habían abandonado el bajo nivel observado a finales del año pasado y comienzos de este. Sin embargo, la cotización a la cual llegó ayer el crudo en los mercados internacionales dejó en claro que la larga noche para los productores de hidrocarburos no ha cesado, pues el barril volvió a ubicarse por debajo de los 50 dólares, en el caso de la variedad WTI.

La causa directa del descenso fue el reporte según el cual los inventarios en poder de Estados Unidos subieron la semana pasada en 2,5 millones de barriles, mientras las apuestas de los analistas hablaban de una caída de 2,2 millones. El mensaje enviado es que la situación de exceso de oferta no cesa, ya que, a pesar de la descolgada en el valor de los combustibles, la extracción, lejos de disminuir, aumenta.

Así lo confirman los datos entregados por la Agencia Internacional de Energía. Según la entidad norteamericana, el bombeo de crudo en junio alcanzó los 96,6 millones de barriles diarios, un avance de más de tres millones de barriles con respecto al mismo mes del 2014. Si bien la demanda ha subido, está lejos de hacerlo en la misma proporción, con lo cual se puede afirmar que el planeta está ‘inundado’.

Los causantes directos de la situación son los países del Medio Oriente. Arabia Saudita, Irak y los Emiratos Árabes Unidos han incrementado notablemente su ritmo, no solo para conservar la participación que tienen en el mercado, sino para mantener la presión sobre aquellos campos en donde los costos de sacar un barril de crudo son mayores. El objetivo, en particular, son los yacimientos explotados con técnicas no convencionales –como el fracturamiento hidráulico– en Estados Unidos.

Aunque no hay duda de que la estrategia ha sido exitosa en lo que atañe a poner en problemas financieros a centenares de compañías del sector, el efecto sobre la producción es muy leve, al menos por ahora. Los estadounidenses continúan en el nivel más alto de las últimas cuatro décadas, en cercanías de los 9,5 millones de barriles diarios. Tal parece que las rápidas tasas de declinación, que eran una de las características principales de los pozos en los que se usa el fracking, son ahora más moderadas.

Lo anterior quiere decir que un ajuste, así sea inevitable, se va a demorar un tiempo más largo de lo que algunos esperaban; y con este, la subida de precios. Adicionalmente, no se puede desconocer que, tras la firma del acuerdo con respecto a su programa nuclear, Irán va a ver levantadas las sanciones que se le habían impuesto, con lo cual contribuirá a hacer más notoria la sobreoferta actual.

Tales perspectivas no constituyen una buena noticia para Colombia. Si bien la producción nacional se ha logrado mantener por encima del millón de barriles diarios a lo largo de nueve meses consecutivos, el golpe sobre las exportaciones y las finanzas públicas es imposible de disimular, sin hablar de la propia economía. De allí que el precio del dólar, cada vez más cerca de los 2.800 pesos, reaccione hacia arriba, pues existe un notorio desequilibrio en las cuentas externas.

No menos inquietante es lo que puede venir en unos años. Con una actividad exploratoria reducida a su mínima expresión, va a ser difícil, si no imposible, mejorar las ya modestas reservas con que contamos. A menos que las cosas cambien de forma radical, el recorte en inversiones se va a sentir con fuerza.

Algún día, y de eso no hay duda, llegará la estabilización entre oferta y consumo en el ámbito global. Esta depende no solo de que los productores más grandes cierren la llave, sino de que la economía mundial tome un nuevo aire. El riesgo es que cuando eso suceda no podamos aprovechar el cambio de viento y tengamos que transitar un camino que puede ser mucho más largo de lo que ahora nos imaginamos.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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