Ricardo Ávila

Frente a la bonanza

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 28 de 2011
2011-07-28 01:26 a.m.
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A lo largo de los últimos tiempos tanto los académicos como el público en general hablan, con cada vez más frecuencia, sobre la presencia en Colombia de un auge minero y energético que viene acompañado de riesgos y oportunidades.

De tal manera, hay quienes creen que los peligros derivados del incremento en la producción de bienes primarios no es deseable por razones que van desde lo ambiental hasta la inestabilidad económica que causan.

En contraste, otros piensan que la oportunidad que esa riqueza representa hay que aprovecharla y que, por lo tanto, de lo que se trata es de hacer las cosas bien.

Ese, precisamente, fue uno de los puntos tratados ayer durante un foro organizado por Fedesarrollo y la fundación Konrad Adenauer, en el que se discutieron otros temas importantes.

Pero quizá lo más novedoso fue la presentación de un trabajo realizado por dos jóvenes investigadores, David Forero y Norberto Rojas, quienes acaban de terminar un análisis que no sólo fue merecedor de un premio, sino que debería ser lectura obligada para los interesados en el asunto.

En palabras simples, el trabajo en cuestión discute la mejor manera de analizar la bonanza petrolera que ya está aquí. Quien crea que eso no es así simplemente tiene que recordar que la producción actual de crudo es la más alta en la historia del país, lo cual, combinado con un escenario de precios internacionales favorables, empieza a cambiarle la cara a la economía nacional.

En cambio la minería va un poco más atrás, pues a pesar de lo que se ha conseguido hasta la fecha y de la marcha de varias expansiones carboníferas, faltan años para que el gran despegue tenga lugar, sobre todo en lo que hace al oro.

Por tal motivo, vale la pena concentrarse por ahora en el petróleo, ya que la senda está trazada. Esta indica que un crecimiento en el bombeo es altamente probable, simplemente gracias a la mejora en la tecnología, que permitiría una mayor tasa de extracción de los yacimientos existentes.

En términos prácticos, Forero y Rojas creen que existe una factibilidad de entre 60 y 70 por ciento de que para finales de la presente década la producción de crudo ascienda hasta casi 1,5 millones de barriles diarios, mientras que existe la posibilidad adicional de acercarse a los 2 millones si tienen lugar nuevos descubrimientos.

Ese planteamiento despeja dudas en lo que hace a la duración de la bonanza. Dicho de otra manera, la tierra prometida en esta materia está cerca.

Ante esa certeza, de lo que se trata es de saber manejar la prosperidad, a sabiendas de que la petrolera no es una actividad intensiva en mano de obra y presenta bajos encadenamientos con otros sectores.

Tal como le ha sucedido a varias naciones, Colombia tiene que ser consciente de lo que significa la llamada maldición de los recursos naturales y saber vacunarse contra la enfermedad holandesa que sacrificaría a diversas actividades.

Es claro, entonces, que las opciones ante esta especie de lotería son simples: consumirla, ahorrarla o invertirla.

Frente a esas disyuntivas, los economistas citados hacen análisis cuantitativos y llegan a la conclusión de que lo peor es gastarse todo de una vez, mientras que guardar el dinero es útil porque evita daños mayores, permite bajar la deuda pública y les asegura bienestar a las generaciones venideras.

Entre esos dos extremos, el de invertir bien suena como el más atractivo. Usar los recursos extraordinarios para desarrollar la infraestructura o impulsar otros cambios elevaría la tasa de crecimiento, limitaría los daños sobre la tasa de cambio y ayudaría a disminuir los índices de desigualdad tanto nacional como entre regiones.

El problema, por supuesto, es que eso es más fácil decirlo que hacerlo. En eso consiste el desafío de la administración Santos, cuyo reto no es la falta de dinero, sino la capacidad de ejecutarlo bien.

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