Ricardo Ávila

La gota fría

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
agosto 15 de 2014
2014-08-15 05:05 a.m.
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Varias ráfagas de vientos huracanados sacuden por estos días a la Contraloría General de la Nación. La entidad, que tiene como misión “procurar el buen uso de los recursos y bienes públicos y contribuir a la modernización del Estado”, se encuentra en medio de una especie de interinidad virtual por cuenta de dos motivos principales. De un lado, es el epicentro de una rencilla que hace rato trascendió el terreno de lo personal y se ha convertido en un proceso jurídico; del otro, es objeto de una disputa política de marca mayor que tiene en esquinas opuestas al Presidente de la República y a quien fuera su jefe de campaña en los pasados comicios, el exmandatario César Gaviria.

Ninguna de esas controversias tiene que ver directamente con lo que dice la Constitución de 1991 en su Artículo 267, el cual habla de la función de un organismo que “vigila la gestión fiscal de la administración y de los particulares o entidades que manejan fondos o bienes de la Nación”. Puesto de otra manera, aquí la discusión no está relacionada con las actuaciones sustantivas de la institución, su falta de efectividad o las discusiones sobre cuál debe ser su papel si pasa la reforma estatal de la que habla la actual administración.

En cambio, lo que el público registra son controversias más propias de un circo romano, en las que priman las vanidades y el apetito por el poder, que los intereses de la ciudadanía. Si alguien en el futuro se sorprende ante el desprestigio y la pérdida de legitimidad de las instituciones en Colombia, no tiene más que registrar el pésimo sabor que dejan casos como este.

El primer gran enfrentamiento involucra al fiscal general, Eduardo Montealegre, y a la contralora Sandra Morelli, quien se encuentra cerca de dejar el cargo. Al decir de los observadores, el ente acusador está a punto de imputarle cargos a la titular del órgano autónomo, por cuenta de irregularidades en los contratos que firmó con el fin de trasladar la sede principal de la Contraloría –que era propia– a una más moderna, en arriendo. El alegato se apoya en la Auditoría General, que ha hablado de un detrimento patrimonial de 76.000 millones de pesos.

Más allá de los excesos que pudieron cometerse en una operación en la que primó el carácter impulsivo de Morelli, el asunto tiene un tufillo de venganza. Más de uno se pregunta si la actitud de la Fiscalía habría sido diferente de no mediar las denuncias hechas por la contralora tras la intervención de Saludcoop, referentes a las millonarias asesorías que prestó Montealegre. Es difícil saber en qué acabará todo esto, pero pareciera que apenas se están escribiendo los primeros capítulos de la que será una larga historia.

Más inquietante en el corto plazo son las diferencias entre Santos y Gaviria. Tal como lo ha escuchado la opinión, el Partido Liberal consideró que tenía una garantía de neutralidad de la Casa de Nariño en la elección del nuevo contralor, programada para el miércoles que viene, y en la que apoya a Gilberto Rondón. Sin embargo, cuando quedó en claro que la cabeza del Ejecutivo había expresado sus preferencias por el exprocurador Edgardo Maya, la cordialidad que había imperado en la Unidad Nacional se vino a pique.

Así las cosas, se ha planteado un escenario que hace recordar la letra del vallenato ‘La gota fría’, en la cual unos y otros sostienen que “me lleva él o me lo llevo yo”. Lamentablemente, el caso es muy serio para reducirlo al folklore, pues lo que está en juego es la cohesión de la bancada gobiernista, clave para pasar adelante iniciativas en un Congreso en el que la oposición busca aprovechar cualquier espacio.

Tales peligros son secundarios ante el apetito por controlar una entidad que tiene más de 4.000 personas en nómina y un presupuesto superior a los 400.000 millones de pesos en el 2015. Por eso se dice que esta pelea no dejará vencedores, pues todos perderán, comenzando por los colombianos.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto


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