Ricardo Ávila

Grietas en la muralla

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 28 de 2015
2015-07-28 04:15 a.m.
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Todavía está fresca la tinta de incontables artículos escritos sobre el caso de Grecia, y ya son pocos los que se preocupan por lo que sucede al otro lado del Atlántico. Al fin de cuentas, la economía de la nación helénica, con sus 11 millones de ciudadanos, es una de las más pequeñas de la Unión Europea, así el tamaño de las deudas que tiene sea todo un dolor de cabeza, que seguirá existiendo durante muchos años.

En contraste, los ojos de los observadores se han movido al Pacífico, ante la inquietud que persiste sobre la salud de China. Y es que el país más populoso del planeta atraviesa dificultades que pueden parecer lejanas, pero que se sienten por estas latitudes.

Quien lo dude no tiene más que mirar los precios de los productos básicos que exporta América Latina. Si alguien quiere identificar un culpable de que las cotizaciones del petróleo, el carbón, el mineral de hierro o la soya –entre muchos otros– se encuentren en su punto más bajo en años, debe aceptar que aquella que fue la locomotora más dinámica del globo ha perdido vigor y con esta su apetito de bienes primarios.

Por tal razón, es imposible ser indiferente a lo ocurrido ayer, cuando la bolsa de Shanghái registró un descenso del 8,5 por ciento de su valor en una sola jornada. El bajón no solo es el más pronunciado en más de ocho años, sino que borra de un plumazo los esfuerzos de las autoridades en Pekín para contener la que fue descrita hace poco como una verdadera avalancha.

Y es que en apenas un mes, hasta comienzos de julio, tuvo lugar una fuerte descolgada en los precios de las cerca de 2.800 acciones que se negocian en los mercados de valores chinos. En ese momento, las pérdidas en el papel superaron los 3,5 billones de dólares, una suma importante incluso para la que algunos consideran ya la economía más grande de todas.

En respuesta, se adoptaron una serie de medidas orientadas a que la confianza entre los inversionistas regresara. No solo se recortó la posibilidad de apalancarse usando mecanismos de crédito, sino que diferentes entidades públicas y privadas empezaron a comprar títulos, alentadas por las generosas facilidades otorgadas por el banco central. La idea era disminuir el peso de los especuladores y reemplazarlos gradualmente por demandantes más orientados hacia el mediano y largo plazo.

Sin embargo, aún la férula que quiso aplicar la dirigencia comunista, tiene sus límites. Una mezcla de rumores y realidades ocasionó el desplome de ayer, sin que exista claridad sobre lo que viene ahora. Para los puristas, hay que dejar que el mercado opere, pues las alzas y bajas forman parte de las reglas de juego en este caso. No obstante, los líderes políticos parecen inclinarse por herramientas que limiten el descontento popular.

El motivo es que en tiempos recientes, millones de chinos han entrado a probar suerte en la bolsa. La mayoría son jóvenes que forman parte de la clase media en auge, quienes buscan una manera de aumentar sus ahorros en una nación en donde las tasas de interés son especialmente bajas.

De hecho, muchos han salido ganadores al tomar riesgos. Más allá de la fuerte corrección vista, el índice de Shanghái se encuentra 15 por ciento por encima de su nivel de comienzos del año y 71 por ciento arriba del punto visto en igual momento del 2014. Claro, si alguien entró tarde, es muy posible que su capital se haya reducido sensiblemente.

No obstante, el lío central consiste en una mezcla de volatilidad y expectativas. Altibajos tan fuertes dan pie a la desconfianza en un sistema bursátil que aún es desconocido para cientos de millones de ciudadanos. Peor todavía es que la impresión de que las cosas van mal lleve a que el consumo se contenga, dando origen a un círculo vicioso, ocasionando grietas en la muralla. Y esa sería no solo una mala noticia para China, sino para el mundo entero.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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