Ricardo Ávila

La guerra sucia

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 08 de 2014
2014-05-08 02:57 a.m.
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Hasta hace unos días la carrera por la Presidencial en el 2014 despertaba pocas emociones. Mientras Juan Manuel Santos mantenía ventaja sobre sus contendores en todos los escenarios, los repuntes de estos no alcanzaban a poner en riesgo real la reelección. Sin debates televisivos programados y cierto descontento en parte de la ciudadanía, la carrera hacia la Casa de Nariño estaba siendo tildada de “aburrida” por los analistas.

No obstante, diferentes episodios alborotaron la contienda al involucrar a las campañas de quienes aparecen como punteros –según las encuestas– en notorios escándalos. El pasado fin de semana salió a la luz pública que dos asesores del círculo cercano de Juan Manuel Santos habrían recibido 12 millones de dólares por intermediar un proceso de sometimiento de narcotraficantes. El venezolano J.J. Rendón, quien recién se vinculaba a la reelección para mejorar su estrategia, y Germán Chica, exconsejero presidencial, alegan su inocencia, pero se señalan mutuamente.

Acto seguido, la Fiscalía capturó a un ‘hacker’, Andrés Sepúlveda, quien, según el ente investigador, efectuaba interceptaciones ilegales contra el proceso de paz, que incluirían a la cúpula guerrillera y al propio Presidente de la República. Pocas horas después se supo que el ingeniero y varios miembros de su familia prestaban servicios a la organización de Óscar Iván Zuluaga, quien en un comunicado rechazó cualquier relación con lo sucedido.

El revuelo desatado por ambos hechos apenas comienza. Tanto los partidarios de un aspirante como del otro afilaron sus dardos de manera particularmente ponzoñosa. Entre ellos se incluye la columna de Fernando Londoño, en las páginas editoriales de El Tiempo, cuya dirección la calificó de repulsiva e “inaceptable”.

Aunque alguien podría decir que al menos estos episodios vuelven más atractiva la contienda, lo cierto es que el giro que esta ha dado a dos semanas y media de la primera vuelta presidencial le hace un flaco favor a la democracia colombiana. Sin desconocer que ambas denuncias merecen ser investigadas y aclaradas, las chuzadas y los sobornos de narcos no deberían ser los temas centrales de la discusión. En cambio, qué bueno sería que las diferencias se marcaran por cuenta de las propuestas que los cinco postulantes tienen sobre asuntos tan fundamentales como la desigualdad de ingresos y oportunidades, la calidad de la educación o la efectividad de la justicia, para solo mencionar algunos de los más importantes.

Hay quienes califican de inevitable la llegada de estos escándalos a la contienda ante lo que está en juego. Al fin de cuenta la polarización entre aquellos que apoyan a Álvaro Uribe y los que prefieren a Juan Manuel Santos es una realidad imposible de desconocer en la agitada política colombiana.

Pero una cosa es el cruce de espadas ideológicas o la controversia sobre la conveniencia del proceso de paz, tal como se lleva en las conversaciones de La Habana, y otra es la guerra sucia en la que todo vale, con tal de apabullar al contradictor.

Frente al desarrollo de los acontecimientos, surgen varias preguntas válidas. ¿Están los votantes colombianos cansados de ese enfrentamiento y apoyarán a tercerías como las de Enrique Peñalosa, Marta Lucía Ramírez o Clara López? ¿Tendrán estos alborotos algún impacto en el repunte reciente de Zuluaga o en el aparente estancamiento de Santos? ¿Continuarán las denuncias y las filtraciones en los días que restan hasta la primera vuelta?

Aún es pronto para responder con contundencia a estos interrogantes. Pero cuando una contienda electoral se nutre de escándalos y no de propuestas constructivas, el desafío para los votantes es el de separar la paja del heno y tomar una decisión responsable al hacer su escogencia. Dejarse influir por la propaganda negativa es como dispararse en el pie.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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