Ricardo Ávila

‘Guerra’ contra TransMilenio

Bogotá despierta hoy con la incertidumbre acerca de un paro parcial de taxis que, al cierre de esta edición y a pesar de las negociaciones con el convaleciente vicepresidente Angelino Garzón, no había sido conjurado.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
agosto 20 de 2012
2012-08-20 09:44 p.m.
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Más allá del grado de impacto que estas protestas puedan generar en la capital del país, la movilidad se consolida como uno de los temas en los que el alcalde Gustavo Petro se juega no solo su gobernabilidad, sino también la evaluación de su gestión. 

Si bien este sector de la administración distrital cobija desde la malla vial hasta las ciclorrutas, TransMilenio concentra los retos y riesgos para la movilidad de la ciudad en el corto y mediano plazo.

Las razones son varias: la empresa de los articulados es la cabeza y el eje de la inminente implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp); el Plan de Desarrollo contempla la construcción de la troncal de la Avenida Boyacá, los estudios de la Avenida 68 y la reconstrucción de otras dos; el Distrito busca que amplíe su espectro a los modos férreos; la renegociación de los contratos con los operadores, en la mira del Alcalde, y el futuro de la emblemática Avenida Séptima, que sigue sin definirse.

Lo anterior, sin añadir los problemas asociados a la prestación de su servicio actual, como la incompleta financiación de la rebaja de tarifas, las congestiones en las estaciones, el sobrecupo y la integración de la fase III. 

Con todo esto encima del escritorio, la gerencia de TransMilenio se convierte así en uno de los cargos más cruciales para el Gobierno capitalino. Sin embargo, en solo ocho meses de gestión, tres personas han pasado por la dirección de la empresa.

El más reciente, Fernando Rey, renunció la semana pasada junto a su segunda de a bordo, a pesar de haber sido uno de los artífices de la política de movilidad del alcalde Petro, en especial en su componente férreo.

Si bien la salida de los funcionarios se hará efectiva cuando el burgomaestre termine su incapacidad médica y aún hay tiempo para que ambos se echen para atrás, estas renuncias se suman al progresivo desmantelamiento técnico que ha experimentado TransMilenio durante este año. 

Las consecuencias de la inestabilidad del gabinete distrital sobre la buena marcha de la administración Petro son graves e inocultables, como lo ratifican recientes sondeos de opinión. No obstante, desde una perspectiva puramente técnica, las constantes rotaciones de la cúpula directiva de TransMilenio ponen en peligro la ejecución de la ambiciosa agenda que la empresa tiene a cargo para los próximos años.

Ni hablar de mejorar la calidad del precario servicio que actualmente presta en sus troncales y de poner en marcha el Sitp, que ya empieza a experimentar retrasos, pleitos y complicaciones.

Las dos últimas administraciones de la capital del país han desplegado una ‘guerra’ sistemática contra los articulados. Primero, como discurso de campaña, después, como contraste con el proyecto del metro, y luego, como excusa para renegociar con los operadores.

Hasta disturbios contra el sistema se vivieron a principios de este año. Mientras otras urbes colombianas y extranjeras adoptaban el modelo ‘transmilenio’, la alcaldía de Samuel Moreno y ahora la de Gustavo Petro frenan el crecimiento del sistema para promover otras alternativas que hoy en día no pasan de la retórica y el papel. Solo una troncal, la de la Boyacá, sería terminada en el Gobierno actual. Al mismo tiempo, los transmilenios de otras ciudades se extienden.

En diciembre, el MIO, de Cali, será el único medio de transporte público en la capital vallecaucana con un cubrimiento del 93 por ciento. 

Sería ingenuo desconocer que ese rechazo a los articulados ha sido la opción por la que la mayoría de los electores bogotanos ha votado, no una, sino dos veces consecutivas. Pero también es justo decir que después de un lustro con los alcaldes en contra, TransMilenio sigue rodando, mientras que los proyectos que buscaban sustituirlo no avanzan. Es momento de reforzar la empresa técnica y administrativamente, sin consideraciones ideológicas ni políticas.

RICARDO ÁVILA PINTO

ricavi@portafolio.co 

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